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Caminando Entre Historias

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El caso del televisor destrozado

television_by_sprinklexeater

 

Era sábado y estaba con mi madre en el salón. La televisión estaba encendida, y mis amigos, desperdigados por ahí, no salían. Me tuve que conformar con mi madre, la cual no era muy habladora y le encantaban cómo no, los programas de corazón. Mi intuición me quiso decir algo, pero la ignoré porque me senté junto a ella.

Eran las  diez de la noche y empezó el “Salvame Deluxe” en la tele. Después de aguantar media hora el programa, mi mente comenzó a querer matar a algunos de los personajillos que salían allí; su parloteo incesante se me metió en el cerebro y sus gritos penetrantes colmaron mi paciencia sacando de mí un instinto asesinos.
Entonces miré a mí madre con cara de pocos amigos.

—Mamá, me voy a dormir —Dije desganada.

Mi madre, que tenía una perspicacia prodigiosa, me miró y comprendió que algo me pasaba. Yo me mostré distante, pero ella me insistió con la mirada para que se lo contara. Entonces le eché una última ojeada desde la puerta para que me dejara que me fuera, antes de irme refunfuñó a mi costa. Yo desoí sus palabras y ella prosiguió con su programa ensimismada.

Por fin había escapado de la estupidez, aún así no sentí alivio sino, un sentimiento de infelicidad. Al acostarme, una sensación de incomodidad recorrió mi cuerpo y por ello me costó coger el sueño, hasta que al final me dormí.

A mitad de la noche oí algo que me despertó, eso hizo que me despertara, me asomé por la ventana que estaba cerca de mi cama, y vi que el agua caía con furia haciendo un enorme charco en el suelo.

Me levanté, fui hacia la cocina y me tomé un vaso de agua. Fue cuando me fijé que todavía estaba la luz del salón encendida. En ese instante, me dirigí hacia allí y encontré nuestro televisor arrancado y destrozado en el suelo.Unos sollozos me llamaron la atención. Examiné la estancia y ahí es cuando vi a mi madre en un rincón temblando y con una mirada que se perdía en la sala.

—¿Qué ha pasado? —le dije con tono cariñoso.

No me dio ninguna contestación, solo me ofreció silencio, la zarandeé para que me contestara, pero ella seguía sin mirarme y actuaba como si yo no estuviera; sus ojos perdidos miraban a la nada. Cansada de insistirle, la dejé en paz y me dirigí al sofá y me senté. ¿Qué le había sucedido? Solo lo sabía ella.

Me miró con los ojos desorbitados y me enseñó la prueba del delito, el televisor destruido. Luego me señaló como si yo fuera la culpable de esté desastre.

—¿Quién ha sido mamá? —Le dije en tono preocupada.

Ella me miró y me señaló de nuevo.

—Estás queriendo decir, ¡¿Que he sido yo?!.

Ella asintió con la cabeza. Volvió a abstraerse en su mundo adentrándose en un ensimismamiento.

Desanimada tiré mi cuerpo en la silla como un peso muerto y me pregunté en que momento de la noche mi cerebro apagó la coherencia e hizo esto. No podía verme a mí con tanta rabia y violencia, ¿Cómo me he podido convertirme en un monstruo? Seré sonámbula.

Quizás mi madre me estaba confundiendo y en realidad lo hizo ella. Pensé, algo estaba mal esta noche, que nada tenía sentido. Si yo lo rompí, por qué no me acuerdo. Es absurdo pensar, que mi subconsciente es el culpable de todo esto y otra cuestión sería en que plano entra ella y porque está aquí tan afectada. 

De repente se levantó mi madre y vino hacia mí con una sonrisa en la cara, y yo desconfié, pero aún así le hice una mueca forzada. Cuando ya estaba cerca de mí me abrazó, y entonces, sentí un punzada en mi espalda, luego un escozor y en ese instante, la cara de mi madre se trasformó en la cara de un personaje del programa. Ahí es cuando abrí los ojos y  descubrí que no estaba en mi habitación sino en el comedor y la televisión estaba rota.

 

 

El pasado siempre vuelve

domani_by_Metiu

Estaba sola, su vida no tenía salida en su mente, sólo tenía una idea, huir de su vida. Ya tenía pensado el plan, primero haría la maleta, cogería las camisas de verano, sus jerséis de invierno y sus pantalones vaqueros favoritos y por último su ropa interior. Lo segundo que haría, sería mirar a su marido y a sus dos hijos por última vez. Esto sería duro, pero sería lo mejor para ellos o eso pensaba ella, tercera y última cosa, jamás miraría atrás.
Cuando huyes de lo que más quieres, sólo piensas en si algún día te perdonarán. Por eso, mientras caminaba sola, pensaba en su nota donde sólo había un breve perdón y una lágrima que desteñía  mi única despedida.
Mientras camino pienso lo que voy hacer desde este instante. Las calles de Anelliv están oscuras y todos sus peculiares vecinos con quien he compartido mi vida están durmiendo sin saber nada de mi huida.
Llegué al punto más alto del  pueblo, donde había un gran castillo de la época árabe, lo miré por última vez y me despedí de mi antigua vida, en ese instante me dí cuenta de que no puedes escapar de lo que eres, porque el pasado siempre vuelve a tí aunque no quieras.
Siempre me he preguntado, ¿qué es lo que nos hace creer que hemos cambiado?.
El lobo es lo que es, aunque se vista de cordero.
Esperé durante una hora, hasta que un todo-terreno plateado apareció entre la oscuridad llenando de luz todo a su alrededor, al verme se paró y yo me dirigí hacia él con paso firme, nunca había tenido miedo de nada, porque eso te hace débil. Eso lo aprendí con tan solo siete años, la verdad es que mi vida no había sido fácil. Recuerdo la primera vez que lo perdí, se esfumó como un globo de helio suspendido en el inmenso cielo, fue la primera vez que tuve un arma en mis manos, era un pequeño revólver chato y muy manejable. Lo raro de aquello es que para mi sólo era un pequeño juguete, hasta que un día en la cueva en las montañas entró un leopardo de las nieves y yo cogí mi revolver con cuidado y le disparé, a partir de ese momento dejé de ser cobarde para ser una asesina.
Me subí al todo-terreno miré a mis nuevos amigos o enemigos según se mire. El que estaba a mi lado era un viejo conocido Amil, un asesino y torturador, el conductor era Jamila la experta de explosivos y a su lado estaba el hijo del jefe de la tribu de la daga negra Romil agaf, él había sido mi compañeros de juegos.
¿No se como me habían encontrado? Pero debía ir con ellos, era cuestión de guardar a lo que más amaba, lejos de lo que en el pasado me había convertido. Mi cuerpo se estremecía al mirar por la ventana y sentir que ya no volvería a mi tranquila existencia. Mientras me alejaba del pequeño pueblo algo se rompía dentro de mí.
Mi misión era llegar hacia mi antiguo padre y dueño de mi vida, no se si quería matarme con sus propias manos o serían otros quien lo harían. Mi vida esta en un hilo muy fino que no se si se cortará hoy o quizás otro día, pero lo que sí sé  es que mi cuerpo está manchado con una mancha negra, que pronto llenará mi cuerpo y se llevará mi último aliento.
Durante el trayecto en el coche nadie habló, solo se oía el sonido del aire pegar contra los cristales y un sonido de tambores tribales proveniente de la radio. No se miraban entre ellos. Para ellos yo era un simple paquete, en referida cuenta trabajo.
Rompí el silencio.
━¿Dónde vamos? ━Dije con cierto aburrimiento.
Se volvió y soltó sus sucias palabras.
━Al infierno, Dana ━contestó riendo Romil agaf.
Le miré con cara confusa.
━Nunca me perdonaras ━le dije, mirándole a los ojos color avellana.

El se echó a reír, su risa era estridente para mis oídos.

━El dolor jamás se olvida, pero la venganza lo hará desaparecer.Temes a la muerte lo se, pero la desearás más que nada.

Entonces lo mire con odio y le escupí a su cara rajada, él se limpió y con sus labios hizo una mueca de felicidad.
Todo el coche se empezó a reír como un coro diabólico.
No volví abrir la boca hasta que llegamos.
Llegamos a un prado llamado “Llanura amarilla”. De repente,  recordé ese lugar y me paré. En ese instante miré a mi alrededor, el tiempo se detuvo.

Era verano el sol se sentía fuerte en mi cabeza  y en frente mía estaba  un hombre asustadizo con gafas, mi reflejo estaba en sus gafas, donde estaba mi revolver del calibre 32 apuntándole. Al lado mio estaba Romil,  él insistía que disparará, pero yo no podía hacerlo. Estaba harta de matar y mis manos temblaban.

━¡¡ Déjame o te meto la bala a ti!!!  ━Le dije a Romil enojada.

Entonces él me quitó el arma. Yo saqué un cuchillo de mi cintura y le raje la cara y se lo hinque en el costado y cayó al suelo. El hombre y yo escapamos. Se oyó un disparó. Yo seguí corriendo hasta llegar al coche y al mirar hacia atrás vi el cuerpo inerte del hombre. Subí y arranqué  el motor. Sentí por primera vez en mi vida el sabor de la libertad.

En ese instante regresé a la realidad. ¿Era esto un bucle que me lleva al mismo lugar? Pero sin embargo algo había cambiado. Ahora era yo la que iba a caer, ante aquél campo seco. Al aparecer sólo necesitaba ser victima para que el miedo se instalará dentro de mí. La muerte era el fin y el revolver le guiaba para que ese fuera mi destino.

La oscuridad


Las luces del atardecer se apagan cuando una canción suena dentro de mí. Bailo sin miedo. La escucho cada vez más alta. Las luces y colores me rodean. Estoy cansada y los pies se me han roto de tanto bailar. Pero aún así la canción retumba dentro de la cabeza cada vez más fuerte hasta volverme loca. Los colores intensos que antes impregnaban todo han desaparecido. De repente, la estancia se queda sin luz. Entonces caigo al suelo y veo como poco a poco una sombra lo cubre todo. Ya nada brilla. Sólo estamos la oscuridad y yo. La vida se ha ido. La música ha parado. Ahora queda un vacio profundo que lo llena todo.

Veo una luz en la lejanía, que hace de antorcha en la lobreguez. Se asemeja a una bola de fuego incandescente. Mis ojos están seducidos por ella. Me levantó con cuidado del suelo. Me dirijo hacia la luz que es como un imán y yo soy el metal atraído por su resplandor. Cuando ya estoy cerca de sus rayos siento como una paz interior. Entonces, para tocarlos, alargo mi mano que la envuelve fulgor. En ese instante, deseé sumergirme en ellos y no sentir más miedo por estar cubierta de tiniebla.

Me siento viva. La luz resplandece dentro de mí. Me transporta a un lugar lejano de aquí, donde hay un prado enorme lleno de flores de diversos colores, lirios, narcisos y dedaleras, en los bosques de abetos en el pirineo. Es un paisaje conocido para mí, porque es allí donde había pasado varios veranos cuando era pequeña.

No siento miedo. Sólo quiero correr por los prados y olvidar lo sucedido. Sentir el aíre en las mejillas y la hierba en los pies. Los ciervos y los caballos corren libremente conmigo. Los abejorros y abispas zumban con el aleteo de sus alas diminutas, los cuales se dedican a sobrevolar las flores y germinarlas. Mientras las pequeñas hormigas corretean entre la hierva alta en busca de comida y yo corro entre entre el esplendor del prado verde.

—¿Qué hago allí? —Me preguntó y entonces, me paró en seco.

Una tormenta lo cubre todo. La lluvia y la neblina no me dejaba ver por donde caminaba. Sólo veía  el agua caer.  En ese momento, aparece una sombra que me coge y me saca de la tormenta. Yo me tropiezo contra una piedra y ne caigo al suelo. Cuando mire hacia arriba la sombra se había convertido en la figura de un hombre. Su cara está translucida no la distingo bien, pero siento su presencia.

—¡Despierta, tienes que huir! —dijo una voz proveniente de él.

En ese mismo instante, su cara se convirtió en la de alguien familiar. Sus ojos azules se reflejan en mis gafas y su pelo negro me recuerda al mio propio. En ese momento, me viene a la mente el rostro de mi padre. Es ahí, cuando despierto. Estoy repleta de sangre que proviene del costado.

Se ha borrado todo lo ocurrido con anterioridad en mi mente. Sólo sé que tengo que huir de allí. Corro por las calles sin aliento  la herida no deja de sangrar. Miro hacía atrás esperando que apareciera el asesino. Entonces,  me dije:  ¡no puedo más! y caí al suelo agotada.

Me miro las manos. Están teñidas de rojo carmesí. En ese momento la memoria empieza a resurgir. Estoy en una habitación completamente sóla. Por supuesto, esa maldita sombra que me persigue por toda la estancia y entonces la mato sin piedad.

¡¡Oh no mi padre!!, lo he matado. La herida me la hizo él,  intentando defenderse.

—¿¿¿¿¡¡¡Dios mio qué hecho!!!??— dije gritando, desmoralizada.

La soledad de un mundo muerto

Estaba en la habitación sentada en el suelo. Mis pensamientos iban y venían. la cabeza me iba a estallar. Me puse las manos sobre está y luego me acurruqué en un rincón. No sabía qué hacía allí. Sólo recordaba que estaba corriendo en el  parque. Ahora estaba aquí sola y oyendo ruidos que retumban junto a mis pensamientos. Siento frío en las manos.

Abracé mi arma como si fuera mi compañera, mi amiga, mi protectora. Mi mente daba vueltas sin parar desgarrando las neuronas que me quedaban vivas. Miré a mi alrededor. Junto a mí había un cadáver, pero lo más extraño es que no había muerto por una herida de bala. Mis manos estaban llenas de sangre y eso hacía que mi mente estuviera aún más confusa. Intenté recordar lo que había sucedido, pero sólo conseguía un fuerte dolor de cabeza.

Fui hacia el cuerpo tirado en el suelo con el arma apuntando a todos lados como esperando que se levantara. Cuando llegué, me sentía sin aliento y muy alterada. Su cara me resultaba familiar. Era pelirrojo y con unos ojos grandes de color esmeralda. Sus labios tenían una eterna sonrisa y su mirada estaba fija en mí, como si yo fuese su asesina. Pero…yo no había sido, ni si quiera recordaba… haberlo hecho. Otra vez ese dolor intenso que me golpeaba en la cabeza.

Anduve hacia la puerta de la habitación y estaba cerrada. Mis ojos empezaron a llorar como si la situación diera pie a ello.Como si la desesperación cubriera mi interior de una oscura sensación. Yo era un monstruo encerrado en mi propia jaula de sufrimiento. Mi mente estaba envuelta en dudas que sólo yo podía responder.

—¡Maldita sea! ¿Cómo puedo huir de esta situación? —me dije.

Me acerqué hasta el muerto. Registré su ropa en busca de una identificación. Sólo encontré una cartera sin dinero y tres fotografías. Dos de sus hijos y una en la que aparecía con su mujer. Sentí lástima por él y su familia. Me sentía culpable. Pero yo estaba en su misma situación. A mi vida le faltaba poco para llegar a su fin.

Entré al baño de la habitación y en el espejo vi mi cara reflejada. Tenía los ojos rojos y la cara demacrada. Mis cabellos parecían una maraña de nudos y tenía un corte en la mejilla.

—¿Será esto un sueño del que me tengo que despertar? —Pensé.

Últimamente no dormía bien y cuando lo hacía mis sueños eran terroríficos. Abrí el grifo para lavarme la cara, pero el agua estaba cortada. Me fijé en las cortinas blancas de la bañera estaban cubiertas de sangre. Fui a ver qué había detrás y, para mi sorpresa, era la mujer del hombre de la otra habitación. Estaba muerta. La habían degollado.

¿Dónde están sus hijos? ¡Qué horror!

Empecé a marearme. Mi mente perdió su lucidez. Caí al suelo y de repente empecé a gritar. Ese mundo muerto y podrido había desaparecido al despertar en mi habitación. La pistola aún seguía entre mis manos, como mi fiel compañera en la soledad de mis pesadillas.

¿Es un sueño o mi propia realidad? ¿Cómo podría saber cuándo era un sueño y cuándo no?

Quién sabe a lo mejor estoy loca.

Mad_World____by_Stonekeep

La luz se apaga

Salía del trabajo. Después de largas horas dando vueltas en mi despacho, sobre las pruebas del caso de homicidios de dos mujeres asesinadas, donde yo defendía a sus familias desoladas por la pérdida. Los cuerpos mutilados no se iban de mi mente, solo pensaba cómo podría dormir tras horas de observarlos. Me levanté pegué un puñetazo en la mesa con rabia cogí mi maletín y salí.
Vi a mi secretaría, Laura, sentada tecleando en el ordenador sin piedad.
-Buenas noches preciosa – le dije-
Ella sonrió de forma coqueta.
-¿Cómo es que se va tan pronto? – me dijo sorprendida.
– Si sigo más tiempo aquí me voy a volver loco – le contesté
Aunque sabía que en mi mugroso apartamento me esperaba la soledad de un cuarto vacío.
-¿Usted no se va ya , Laura? -dije yo-
No se preocupe me vienen a buscar -contestó
sin dejar de mirar el ordenador.
– Seguro no me importa llevarla – contesté.
– De verás, no importa… tengo muchas cosas que hacer. -Lo dijo
Como si quisiera que la dejara en paz.
– Bueno Laura,  le dejó con sus cosas no quiero molestarla más- le contesté.
La miré por última vez, bajé la cabeza y salí del trabajo pensando” solo quería ser amable”.
Bajé las escaleras con cansancio, mi cuerpo me pesaba. Tropecé varías veces hasta llegar a la puerta de la calle. La luz de la farola era tenue y parpadeaba sin parar y me dije con monotonía: “Esta luz seguirá meses así”.
A lo lejos vi mi coche tan destrozado como siempre. Aún recuerdo cuando me lo compré era espectacular,duele ver el pasar de los años.
-Todo envejece -me dije resignado.
Hasta que vi la raya en el capo grité:
-¡malditos! Ya no hay respeto ni por el bien privado.
Saqué las llaves cabreado y pensé menuda raya esto va constar quitarla.
 Metí la llave con cuidado y abrí y me senté en el asiento. Cuando fui arrancar, vi un sobre cerrado en el parabrisas. Salí del coche y Cogí el sobre eché un vistazo a mi alrededor, no había ni un alma solo estaban los edificios con alguna que otra farola fundida.
 Ni siquiera me paré a mirarla, la abrí y saqué el trozo de papel doblado y lo leí. Mis manos temblaron y al hacerlo se resbaló el papel y cayó al suelo. Me quedé paralizado un instante. Entonces la rompí con rabia y luego la tiré a la papelera.
 Decidí largarme de aquí, porque mi mente empezaba a sentir que perdía el norte.
-Malditas palabras -me dije.
Arranqué el coche y me fui.
Durante el trayecto me puse a oír la radio local para despejarme – dijo el locutor:
-Un niño ha desaparecido en …
Justo en ese momento se fue la señal.
En ese instante me sonó el móvil miré el número sorprendido era mi ex mujer, Eva.
Gritaba desconsolada:
– Mario se han llevado Alex, nuestro niñito.
– ¿Qué ha pasado?-le contesté con tono preocupado.
Ella me contó lo ocurrido entre sollozos:
-Estábamos en el parque a él le apetecía un helado, entonces yo le dije:
-Ahora vuelvo, no te vayas de aquí.
Al regresar no estaba . Solo había un parque repleto de niños, pero él no estaba. Grité su nombre y busqué hasta el último recoveco, pero parecía que se hubiera esfumado. Pregunté pero la gente no sabía nada.
-“Pagaras con tu sangre”- pensé de nuevo,
Me quedé en silencio.
-¿Me estas escuchando? o ¿te se ha parado el corazón?-Laura asqueada.
– Solo estoy pensando – contesté serio.
En ese momento me maldije por haber roto la nota.
-Como no, te da igual todo lo referente a nuestro hijo-contestó cabreada.
-No se como puedes decir eso, ¿has llamado a la policía?-respondí bastante molesto.
– Por supuesto, me han dicho que están buscando pistas y que cuando saquen algo en claro me llamaran.
– Voy para tu casa- le contesté.
– Vale- dijo ella.
Mi voz interior pensaba en lo peor y entonces decidí no pensar. 
Al llegar a su casa recordé aquellos recuerdos olvidados que me hacían sentir bien. Hasta que vi a mi mujer sentada en el escalón de la puerta. Su cara estaba triste y su mirada sin ningún destello de luz.
 Al acercarme donde ella estaba, se levantó sin ganas, como si su cuerpo delgado y cálido se hubiera convertido en una piedra. Me miró con sus ojos azules, que parecían como si fueran a estallar en una tormenta. Decidí decirle algo, pero no me salían las palabras.
Ella me abrazó me dijo al oído:
-¿quieres pasar a casa?
Yo le dí un beso en la frente y le seguí.
 Me senté en el sofá, que estaba igual que cuando me fui. Me sentí como si nunca me hubiera ido.
Me preguntó si quería algo yo le respondí:
-Que no.
Nos quedamos en silencio.
 Hasta que la puerta se abrió y se rompió el silencio. Ella no levantó la vista, pero yo sabía quién era y algo dentro de mí se quebró.
Al entrar en la sala me vio y seguidamente preguntó:
-¿Que ha ocurrido cariño?
Ella abrió en llanto y él le estrecho entre sus brazos con fuerza. Me hundí más todavía ahogándome en mi propio vaso.
-Ella le reprochó – ¿qué donde estaba su móvil?, te llamé muchas veces y no lo cogías.
-Que estaba en una reunión muy importante -Él le contestó.
Ella se contento y le contó la mi misma historia que a mí.
Estuve un buen rato hasta que me pregunté en mi interior: “¿qué importancia tenía estar allí?”,
y me contesté con recelo a mi mismo “ya tiene un hombro en que llorar debo irme”.
-Oye Eva- le dije sin mirarla.
Dejó de mirarlo a él me contestó preocupada:
-¿Qué quieres Mario?.
Le respondí cabizbajo:
-Debo irme quiero estar solo.
-Mario por favor quédate, guardar lo que uno siente…- dijo ella con voz melancólica,
pero mi portazo sonó antes de oír sus últimas palabras.
Cogí el coche y huí de allí.No me importaba donde, solo quería morir en ese instante. Mi vida no tenía sentido, que podía perder más. La soledad me perseguía o ¿quizás la muerte?. Entonces recordé aquella nota:
– maldito pasado- me dije.
Decidí volver a mi despacho, no quería estar en mi apartamento bebiendo para matar el dolor,que me arrancaba desde el pecho . No podía quitar de mi mente el último recuerdo de mi hijo. Era el día en que me lo dejó Eva, su rostro estaba triste y entonces me preguntó con ingenuidad:
-¿Por qué Carlos me pega?
Yo enfadado le respondí:
-Deberías pegarle tú una patada en el culo, bueno eso si antes la señorita..no le ha reñido lo suficiente.
Ahora que lo pienso que tontería le dije.

La ida fue dura. Todo me parecía oscuro y las luces de los coches me pegaban en la cara. Haciendo despertad la culpa que  me consumía sin saber que hacer. ¿Quien me quería castigar de está manera ? Mi pregunta no tenía respuesta. Eso me hacia sumergirme más en mis propios miedos. ¿Estaría muerto ya ?, ¿lo estaría torturando para luego matarlo?, ¿sería un violador de niños? todas me hacían preguntarme, ¿por qué él y no yo?.
Al llegar a la oficina el coche espiró su último aliento. Se murió dejándome tirado en medio de la carretera. Parecía como si todo lo de mi alrededor se marchitara sin más o se perdiera en el camino. Lo último que me quedaba perder era mi trabajo y mi propio juicio. Salí del coche y me dirigí a la puerta cansado después de este largo día. Cogí las llaves de mi bolsillo y abrí la puerta. Las escaleras me esperaban,todo estaba a oscuras, pero sentía como si la propia vida del edificio me envolvía.
Al subir por las escaleras se oían ronquidos que iban al compás de una melodía donde había un oso fiero, un silbato estridente y una respiración profunda. Seguí hasta el cuarto piso con la luz apagada no se como conseguí llegar de una pieza. Busqué el móvil en el bolsillo y cuando lo encontré le dí al botón para que hiciera algo de luz. Me di cuenta que la puerta estaba abierta entré en silencio en la oscuridad de mi despacho. No se oía ni un alma, solo el goteo de un grifo.Seguí andando cuando me tropecé con algo. Al tocarlo percibí que era un cuerpo. Pensé ,“Laura”, salí corriendo del apartamento y llamé a la policía desde la calle. No quería arriesgarme a llamar desde el apartamento. Cuando llegaron yo les dije:
– no hay luz,
ellos sacaron unas linternas del coche de policía.
Subieron sin miedo. Todos los vecinos estaban asomados a ventanas y algunos de ellos en la calle.
Se percibía que algo malo había pasado, pero nadie sabía nada y tampoco preguntaban solo miraban. Al ver el cadáver, los policías llamaron a la ambulancia para que lo llevaran al depósito. Lo sacaron en una bolsa térmica plateada y lo metieron a la ambulancia. El policía más bajito me dijo:
-estaremos en contacto- lo dijo con una seriedad que parecía que yo hubiera matado a la pobre Laura.

Menuda nochecita parece sacada de una película de suspense, desaparece mi hijo y mi secretaria muere a manos de alguien que me la tiene jurada. La verdad estaba agotado, como si me hubiese pasado por encima un camión. Pensé que después de aquello no me podía quedar en mi despacho y menos ir a mi apartamento, quien sabe lo que me podría encontrar allí.
Recorrí las calles cercanas buscando un pequeño hotel o algún sitio donde quedarme a dormir, hasta que al fin después de dar más vueltas que una noria encontré un hostal. No era nada acogedor, pero era una cama.
Al día siguiente, me vestí rápido porque no tenía que esperar para vivir, porque cada minuto estaba más cerca de mi muerte. Me miré al espejo solo vi un hombre de pelo negro y ojos negros hundidos y cara pálida. Me dije a mí mismo:
– Mi rostro es el  de un hombre derrotado por el sufrimiento.
Decidí ir al despacho para encontrar pistas y luego iría a ver a Eva. Cuando llegué a la puerta del edificio todo estaba en silencio. Entré a la escalera y vi el aparato de abastecimiento de todos los pisos. El único cable que estaba cortado era el mio y el que abastecía a la escalera. Llegué al piso, ya no estaba abierta sino que estaba precintada para que nadie entrara. Quité el precinto y de un zapatazo abrí la puerta, estaba todo desordenado, como si hubiese pasado un tornado por allí.
Abrí la puerta de donde yo trabajaba vi que la ventana estaba abierta y pensé:
-que extraño y me acerqué y al asomarme por ella, no vi absolutamente nada.
Entonces algo me llamó la atención. Al apoyar las manos en la repisa sentí que se movía y al quitarla vi que había un sobre grande. Con nerviosismo lo abrí, eran fotos de mi hijo y mías y también había una nota, donde ponía “tengo a tu hijo”. Habían también folios con indicaciones de lo que tenía que hacer. Para que no acabase con su vida. A final de sus indicaciones ponía “sabes hasta donde soy capaz”.

Seguí las indicaciones al pie de la letra:

– Cogé un abrigo, clavos y un martillo.
– Trae tu coche.
“Pensé que esto era un poco inviable porque estaba en el mecánico, tendría que ver como solucionó ese problema que puede costar una vida inocente.”
-Deberás traerlo todo cerca de la gasolinera que está cerca del río.
-Está tarde a las nueve de la noche.
Ven solo si no, mataré a tu hijo.

Realmente no se lo que quería; si destrozar mi vida o ver mi  sufrimiento mientras la gente que me rodea, iba  muriendo como moscas. Yo no temía nada,  pues mi vida ya estaba acabada desde hace tiempo, pero ellos no tenían la culpa de mis errores. Mi hijo y Eva, ellos eran la razón de mi existencia y cuales había perdido por no cuidarlos demasiado, pero cuando me quise dar cuenta ya era tarde. Solo me quedaba mi trabajo, pues era lo único que me evadía de mi vida.

Tuve que coger un taxi para que me llevara a mi apartamento. Al llegar cogí el teléfono del mecánico, para llamarle y para decirle que a las 8:30 tendría que estar listo. Lo llamé insistentemente hasta que por fin lo cogió.
– Buenas soy Mario – le dije.
– ¿Que quiere?- dijo con voz ronca.
– Pues…solo quería que se diese un poco de prisa, porque lo necesito urgentemente para las 8:30- le dije apresurado.
– Me parece que va ser un poco imposible, pero puedo intentarlo si me paga 200 euros más.-dijo como si me estuviera haciéndome un favor. Pensé “será cabrón” y contesté con reticencia:
– por supuesto pero si lo tiene para esa hora.
– Él dijo – trato hecho.
-yo le contesté – entonces ya nos vemos, dije esas palabras y colgué.
Cogí todo lo necesario el abrigo que llevaba puesto, los clavos y el martillo. Salí del apartamento y cogí el ascensor cuando justamente entró un señor que me dijo:
– ¿se puede?.
Yo le contesté con la cabeza con símbolo de aceptación.
Cuando llegamos a bajo el se chocó conmigo y salió deprisa como un trueno ni si quiera dijo perdón solo voló.
Salí del ascensor y salí a la calle y busqué mi cartera en la chaqueta roída por el tiempo para poder pagar el taxi. No encontré la cartera entonces lo entendí todo el hombre me había dejado un sobre y se había llevado mi cartera.
-El sobre -me dije con desaliento recordando sus palabras.
-¿qué querrá ahora?- me dije.
Lo cogí cansado sin nada que temer, lo abrí y leí las palabras “ ¿Quién es el cordero y quién es el lobo?.” La guardé en la chaqueta, me quedé pensando en esas palabras.
Me dije derrotado:
-“está claro mi hijo es el cordero”¿que podía hacer? no podía ir a la policía.
Él me vigilaba, sabía mis movimientos. Los errores del pasado no se borran si la memoria del suceso sigue viva salpicando en la cara del que vivió sus consecuencias. Mientras la sangre derramada siga teniendo nombre, venganza.
Estaba asustado sin cartera ya soló me quedaba el móvil. En ese mismo instante me toque el bolsillo del pantalón y descubrí con alivio que sí lo tenía.
Entonces llamé a mi ex-mujer Eva para pedirle ayuda y quedé con ella en el bar de la esquina a las 6:30 cerca de mi apartamento. Entre en el bar y me senté en el lugar más alejado de la puerta y los cristales. Solo me quedaba una media hora antes de que ella llegara. Vino la camarera me dijo:
-¿ Quiere un café solo como siempre?
-Sí Marga ahora vengo  me voy al aseo- le contesté.
– de acuerdo, cuando este se lo traigó y soltó una sonrisa Ella contestó de forma jovial
– yo le respondí- cuídalo que nadie lo robé y le sonreí.
Entré al aseo y cerré la puerta con pestillo y me senté en el váter. Saqué un bolígrafo y empecé a escribir en la libreta de nota lo siguiente:

Nunca te he olvidado, mis pensamientos son tuyos y de nuestro hijo. Yo iré a buscarlo, si no vuelvo antes de las 12:00 llama a la policía estaré cerca gasolinera del río. Cuando la leas quémala.
PD: no hables con nadie de esto hasta que pasé la hora.

Cuando terminé la nota la guardé en el bolsillo del pantalón de delante. Después de lo del ascensor no me fió ni de mi sombra. Estiré de la cadena y salí del baño. Miré el reloj y faltaban unos 5 minutos, pero al salir estaba allí, junto a mi café solo.
– Hola Eva, ¿como estás?- le dije.
– Sobre-llevándolo – contestó, con cara de cansancio,
– lo hecho de menos Mario- dijo desesperada.
Yo me levanté y le abracé y en ese momento aproveché para meterle el papel en el bolsillo de la chaqueta que estaba en la silla.
– ¿Sabe algo la policía? – le pregunté.
– La verdad es que no encuentran nada. Piensan que no es un secuestrador, porque no se ha comunicado con la familia, por lo tanto creen que es un pederasta.
-Pensé: si supiera lo que yo se, pero pronto lo sabrá.
Regresé a mi silla y me senté después del largo abrazo.
-¿Qué querías pedirme?- me preguntó indecisa.
-Quería pedirte si me dejabas dinero porque un carterista me ha robado- le respondí con la cara sonrojada.
-¿Cuanto sería?- contestó extrañada.
-Unos 1300 euros y si puede ser ahora es un asunto de suma importancia- le contesté.
-Ahora mismo no los tengo- me contestó.
-¿Pues cuándo los tendrías?- le respondí precipitado.
-Dentro de 1 hora o así los tendré – contestó.
No pregunté nada más solo quería salir de aquí.
Pero fue ella la que preguntó:
-¿Cómo estaba?.
-Bien, pero intento no pensar para no consumirme como una vela.
Seguí la conversación sin ganas:
-¿Cómo está tu novio Carlos?.
-Intentando animarme, ahora está fuera por trabajo- respondió desganada.
-Bueno, debo dejarte se me hace tarde, tengo una reunión- le respondí.

Cogí mi abrigo y me fui. Estuve durante esa hora dando vueltas por las calles, hasta que me llamó ella diciéndome que ya tenía el dinero y nos reunimos en mismo bar y me dio el sobre y me dijo:
-que me cuidara y se fue.
Yo le dije mientras ella me daba la espalda:
– que se los devolvería lo más pronto posible, pero ella siguió su camino sin mirar atrás. Habría visto la nota, quizás no o quizás sí, pero espero que haga caso de las indicaciones.
Ya era la horas de ir a recoger mi coche. Llevaba la bolsa con todo lo necesario.Llegué en taxi al taller mugriento. Al entrar pregunté por el dueño, Federico que salió con las manos llenas de grasa después de haber salido de debajo de un coche. Se limpió las manos donde pilló y me estrechó la mano dejando la grasa sobrante.
-Hola Mario, ya lo tiene arreglado a la hora punta como prometí. Son 1300 euros.
Se los dí sin mediar palabra y me fui con un gracias en la boca,con el cual me despedí.
Quedaba media hora para reunirme con él. Cogí el coche y pisé el acelerador para no retrasarme ni un minuto. Estaba asustado por lo que iba a pasar, ¿qué pasaría después de hoy? realmente no lo sabía, pero desde luego iba a cambiar mi vida para siempre.
Llegué allí, estaba todo cerrado, la oscuridad inundaba todo. Esperé sentado en el coche hasta que una sombra me cogió por detrás y me pegó con un bate en la cabeza y caí al suelo inconsciente.
El dolor intenso me despertó y miré a mi alrededor y entonces lo vi, estaba atado a un árbol. Tenía clavos incrustados en mí que me producían dolor en manos y pies. Llevaba un abrigo del cuál percibía el olor a gasolina.
Entonces me vino el recuerdo de aquel chico que dejamos mis amigos y yo abandonando en el bosque atado a un árbol. Solo para ver si era capaz de escapar con vida. Era como una prueba para entrar en nuestro club.
Pero se nos escapó de las manos y el chico murió de un ataque al corazón y después de eso el grupo se disolvió. Yo era el único que pensaba ir a la policía, pero me amenazaron con matarme. Nunca olvidé aquel suceso durante años tuve pesadillas y mis padres me metieron en un manicomio. Quería morir por lo que había sucedido.
Todo se apaga a mi alrededor. Mis manos están cubiertas de gasolina y mi hijo va morir. Miré a mi alrededor y en frente mio había una chica, era mi mujer y al lado mi hijo, me miraban como si me detestaran por lo que hice. Eran ellos mis asesinos, ese niño dulce y esa mujer que tanto amó.
-¿Por qué? le grité, pero ella no contestó.
Me besó en los labios entre susurros dijo:
-se lo que hiciste era mi hermano.
Me enteré hace unos meses cuando rebusqué entre tus cosas, porque te echaba de menos. Es ahí donde encontré los recortes de los periódicos y tu diario personal. No te quiero matar pero debo hacerlo, porque te amo y quiero quemar todo lo que has significado para mí.
-¿Por qué le has dado tantas vueltas?, podías haberme pegado un tiro y ya está- le dije gritando- entonces todo lo del secuestro era mentira y tus lágrimas eran mentira-le dije entre lágrimas y desconsolado.
Ella contestó:
-con un rotundo, sí.
Pero eso no es todo dijo, siguió sus palabras con odio:
-Cuando tu alma se consuma entre las llamas mataré a tu hijo y lo echaré al fuego para que arda.
Yo le supliqué:
– por favor no lo hagas te lo suplicó,
pero en sus ojos no quedaban ni una pizca de luz.
-¿Qué pasará contigo, no podrás vivir con lo que estás haciendo?- le grité para que entrara en razón.
Pero ella en símbolo de respuesta me enseñó una pistola con la que se iba a quitar la vida y respondió sin un temblor en su voz:
-me volaré los sesos para borrar todos los recuerdos bonitos y feos que hacían sentirme parte de ti.
Mis palabras ya no tenían sentido para ella.Entonces decidí morir con resignación.
Mi cuerpo ardía desgarrando mi carne, mis gritos no calmaban el dolor haciéndolo insoportable. Hasta que al fin llegó mi último aliento como una bombilla que deja de parpadear y se funde sin más remedio.