El agua detrás de una sonrisa

octubre 9, 2020 Relato Comments (2) 238

La Rambla estaba repleta de puestos de librerías y puestos de rosas. Yo andaba entre millones de cabezas, rodeándome de un calor asfixiante, de repente, vi la sonrisa de un chico que parecía igual de perdido que yo, nos observamos mientras nos movían la marabunta de gente que al mismo tiempo nos separaban. Él  quería  romper esa barrera entre nosotros, nuestras miradas decían todo y a la vez nada.

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El fluir de la caída

agosto 21, 2015 Relato Comments (0) 1025

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El agua me rodeaba y me conducía río abajo, me arrastraba junto a los sedimentos que se desprendían convirtiéndome en parte de ellos. Seguía cayendo entre sus torrentes formando parte del raudal que me hacia sentir como un tronco a la deriva. Mi mente dispersa y descompasada creaba huecos blancos que me hacían olvidar el momento que me sumergí en ella para ya no salir.

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Caleo

junio 30, 2014 Relato Comments (0) 20

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La cálida brisa golpeaba su cara. El horizonte del mar le impulsaba a viajar. Solo era un crío con ganas de huir y retomar una vida desde el punto de vista de un adulto. Pero la vida era difícil sin el apoyo de una mano que te dirija. Sin embargo, él se sentaba a soñar en la arena de la playa. Imaginando que cogía un barco y se echaba a la mar. La vida de un niño no era fácil porque jamás puedes huir del peculiar mundo familiar.

—¡Chiquillo, ven para acá! Deja de estar ahí mirando las musarañas.

El niño seguía mirando las olas. No se podía despertar de un mundo que le fascinaba. Oyó una voz estridente que le llamaba por su odioso nombre compuesto “Mario Alberto”  eso le sentó como si le tiraran un pozal de aguas fecales a la cara.

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La escurridiza mujer

enero 20, 2014 Relato Comments (2) 1639

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Mis pasos me resultaban pesados, pero por mucho que anduviera no encontraba solución a nada. Eso me llevó a seguir deambulando por las calles y luego hasta un bosque cercano, colindante al pueblo. Entonces recordé un acantilado que estaba cerca de allí, el cual, iba cuando era pequeño. Sin duda allí había vivido bastantes aventuras con mi hermano Gabí, por ello vivía tan fervientemente esa época.

Cuando llegué vi que todo me evocaba a esos días de playa con mi hermano, me sentí contento al rememorar las carreras entre la arena, y al romper las olas contra las rocas resonaron nuestras risas en mí mente. La única diferencia es que ahora tenía veinte años más que por aquella época, cuando solo tenía diez años. La bajada por las escarpadas rocas hasta llegar a la pequeña playa me costó más que en mis días de niñez.

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El abecedario dentro del ombligo

diciembre 26, 2013 Relato Comments (0) 581

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El abecedario estaba colgado en la pared, yo perplejo lo miraba sin comprenderlo. Me costaba concentrarse en sus letras, que no tenían ningún sentido para mí. Eran tan diferentes y tan faltas de significado, que para mí mente solo eran símbolos perdidos en el espacio.

Mi teoría que era bastante descabellada, fue llamada por mí “El abecedario dentro del ombligo” que trataba de lo siguiente:Un buen día observando mi ombligo, en mi habitación, descubrí el por qué las letras del abecedario no seguían ningún orden.

“El abecedario para mí era un agujero negro; no sé ni cómo ni cuándo se formó. Pero yo tenía la certeza, que las letras salían por un punto parecido a mí ombligo, que para mí mente imaginativa de niño, era el final del agujero negro.”
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El tenedor que apunta a la verdad

septiembre 24, 2013 Relato Comments (2) 795

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Rosa era una persona que amaba la palabra amor. No por su significado tan variado, sino porque pensaba que a todo había que añadirle ese variopinto ingrediente tan popular llamado amor. Pero sin embargo lo paradójico es que ella se dedica a investigar la falta de él y otros misterios que ahora mismo no vienen al caso. Su amado era su propio trabajo todavía no había encontrado nada que lo pusiera en segundo plano.

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La personalidad

julio 12, 2012 Relato Comments (0) 529

Estaba en el tren al lado de una chica que vestía un estilo punk. Yo estaba pensativa y nerviosa, no paraba de moverme. Ella me miró con cara de curiosidad.

━Te veo nerviosa ━me dijo.

━Solo estoy emocionada. Porque puede que comience una nueva vida y no sé cómo va salir ━dije con cierta emoción e incertidumbre.

Ella perpleja me miró y me dijo:

━Solo despega y vuela, lo demás ya vendrá.

     Me quedé pensativa durante un largo rato, sintiendo miedo al pensar que ya no era una niña. El pensarlo hacía que mis piernas temblaran. También tengo temor a equivocarme y que no haya vuelta atrás.
━Eso espero.. ━dije con una sonrisa irónica.
━Ahh, por cierto ━me dijo ━me llamo Amanda.
━Lo siento por no presentarme antes ━soltó una pequeña sonrisa tímida.
━No pasa nada, yo soy Sofía ━le dije yo, de manera respetuosa.
Cuando llegué a puerta de atocha me despedí de la chica y le agradecí su buen consejo.

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Agua viva

febrero 21, 2012 Relato Comments (0) 544

La niña estaba junto a su casa canturreando lindas canciones que le había enseñado la madre. Ella la observaba por la ventana mientras hacía rica comida con habichuelas, lentejas y carne picada. La niña empezó a llorar desconsolada. Sus llantos y sus gritos sonaban como un pájaro herido.

La madre oyó el grito ahogado de su hija y se le cayó al suelo el cucharón que llevaba en la mano y un cuchillo que estaba cerca. Salió corriendo hacia el bosque y pensó en ir a buscar a su marido al puesto de montaña donde él trabaja.

La pequeña estaba desorientada por el sol radiante que le pegaba en la cara. Se dio cuenta que estaba mojada, pero no recordaba cómo había sucedido. Entonces empezó a recordar que estaba cantando y preparando a su muñeca para ser princesa.

Recuerdo que fui a beber al río porque tenía sed. Al llegar a él, metí mis manos. Algo me las cogió y me caí al agua. Entonces sentí como me convertía parte del río y luego fue como si la corriente me llevará. No se en que momento perdí la memoria, porque no recuerdo cómo he llegado ha éste lugar.

¿Qué hago en esta cueva? —me pregunté nerviosa.

Mientras me agarraba con fuerza mis piernas.

Su madre llegó, gritando y nerviosa, al puesto de su marido. Estaba atormentada por lo sucedido. Cuando consiguió calmar sus nervios le contó la historia.

—Mi vida, ¿estás segura de que no está en su habitación? —el marido la tranquilizó con estas palabras.

—No lo sé, pero lo que sí que sé con certeza es que sus gritos provenían del bosque y sus juguetes estaban tirados en el jardín, pero ella no estaba.

La niña se sentía triste y abandonada y el reflejo de su cara en un charco le hacia pensar lo peor. Su cara estaba pálida y sus ojos azules estaban rodeados de ojeras. El ser que le había arrancado de su hogar. No sabía realmente qué quería o qué buscaba en ella con tanta insistencia. Pensó en sus padres y en lo desesperados que estarían buscándola.

Todo el pueblo la buscó  desesperado por el bosque, gritando su nombre:

—¡Carla, Carla!

Pero cuando anocheció, no hubo más remedio que irse y sus padres cabizbajos se fueron desesperanzados.

—Mañana seguiremos buscando hasta que nuestros pies y nuestras piernas se derrumben —dijo el jefe de policía.

—No se preocupe Ian, la encontraremos. Dándole ánimos se acercó y le dio una palmada en el hombro a mi padre.

Carla estaba ansiosa porque había oído a sus padres gritar su nombre. Ella también había gritado y pataleado dentro de la cueva, pero sólo le respondía su propio eco. Entró una corriente de aíre intenso que alborotó su pelo. Esto hizo que no viera que había una columna de piedra justo delante de ella y se dio un golpe tan fuerte que cayó al suelo inconsciente.

El bosque parecía triste y desolado por la tragedia. Era el bosque “maldito” en donde sólo se oían perros y policías dando órdenes a una multitud de gente que la buscaba. Los animales, con tanto revuelo, corrían despavoridos al verlos porque para ellos eran intrusos.

Sus padres, desconsolados después de dos días de búsqueda  intensiva, ya no sabían qué pensar. No había ningún rastro de ella ni de su ropa desgarrada tirada por el bosque, ni pisadas de algún extraño. Todo era normal excepto que su hija había desaparecido. Estaban en su casa desorientados, pensando qué se les escapaba de aquella mañana. La madre salto histérica a llorar y mi padre la abrazo.

—¿Hay algo que vieras raro esa mañana? —le preguntó, intentando animarla.

—La verdad es que fue todo tan rápido. Yo estaba cocinando cuando, de repente, oí los gritos. Miré hacia donde estaba la pequeña Carla y solo vi sus muñecas sentadas en el césped, pero no a ella.

—¡Esto es frustrante! —se lamentó como un pájaro herido y siguió con la conversación entre sollozos.

—Aquella mañana me dio un gran beso y unos abrazos matutinos, era tan cálida.

La niña estaba despierta, pero a la vez soñaba con comida imaginaria: jugosas frutas del bosque, ricos filetes de carne y pasteles de chocolate. Todo esto lo comía con sus padres que le sonreían al ver como devoraba la comida. Estaba tan hambrienta que cada día sus sueños eran más delirantes. Lo que le daba de comer esa cosa era pescado crudo y, alguna vez que otra, bayas del bosque mojadas —¡Eso no era comida, era un suplicio!—. Después de comerlo, siempre lo devolvía. No podía seguir así. Necesitaba salir de allí.

La policía se movía incesante por el bosque. Ella oía sus voces buscando debajo de cada piedra, cueva y tronco caído sin encontrar rastro de ella. El jefe de policía llamó a sus guardias a través del comunicador.

—Muchachos, ¿Habéis encontrado algo? —dijo a través del aparato.

—No, señor, sólo hemos encontrado  animales asustadizos y una ardilla muerta —dijeron sus subordinados en tono serio.

—Bueno, chicos, lo dejaremos para mañana. Nos retiramos —dijo resignado.

Estaba sola y quería escapar de allí. Me levanté para examinar el terreno y descubrí huellas repletas de agua. Eran como pequeños charcos que me llevaban a la cascada. Fui directa hacia ella y saqué la mano por ella. Sentí el aíre y el agua pasando ligeramente por mis dedos. Cerré los ojos con fuerza y salté. Entonces una mano mojada atrapó mi brazo y mi salto se convirtió en un salto para atrás, como los cangrejos. Mi pequeño cuerpo impacto contra el suelo. Enfurecida golpeé la piedra caliza y le grité:

—¡¿Por qué?!

Mis ojos miraban al vacío de la cueva. Cuando solté un grito ahogado, desconsolada me puse a llorar durante horas. El eco reproducía mi llanto con tal fuerza que retumbó en mis oídos.

—¡Maldito cobarde! —le grité y seguí llorando hasta que el cansancio me venció y me quedé hecha un ovillo en la fría piedra.

Su madre recordó la noche que nació, tan pequeña y regordeta. Ella estaba caminando aquella noche con su marido entre los árboles. Se encontraban  allí esa noche para buscar un poco de tranquilidad. En el pueblo celebraban, por aquel entonces, la fiesta del solsticio de verano; con música, ventas de productos del pueblo y sorteo de animales.

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La decisión

noviembre 27, 2011 Relato Comments (7) 1500

Tomar decisiones en tu vida es complicado. Te puedes pasar horas enteras mirando ese reloj y sintiendo como ese tic tac se va metiendo dentro de tu cabeza. Durante esas horas interminables te da tiempo a pensar en miles de cosas:

“¿ Qué pasará si hago esto?” “¿ Qué pasará si hago lo otro?” “¿ Me arrepentiré de no haber hecho lo anterior?”.

Eso hace que te encuentres confusa ante la multitud de opciones que tienes y cuando ya no sabes lo que hacer. De repente sin más decides un camino.

No sabes si ese camino es el correcto, pero la sigues como una corriente de agua que te empuja.

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Caja de rosas rojas

julio 25, 2011 Relato Comments (0) 554

El aire pasa por mis dedos descalzos y mi cuerpo frágil parece resistir mis últimos suspiros. Los años han pasado, pero parece que los recuerdos siempre vuelven a ti como una brisa suave.

Mi vida en el campo, cuando tan sólo era una niña, era dura. Al sentir, caer sobre mi suave piel los rayos del sol abrasando, los días de mi niñez. Recuerdo a mi madre en aquellos años con tal intensidad que podría describirse hasta el último detalle de ella. Pero lo que más me impactó era su forma de arar con voluntad y fuerza, que la tierra rendida a sus pies caía junto al buey que la dominaba.

Mi madre era fuerte como la corteza de un árbol, la cual le sirvió para llevar una familia hacia delante.
Mi padre murió cuando mis hermanos y yo éramos pequeños. Lo poco que nos contaba mi madre de su forma de afrontarlo por aquella época era lo siguiente – “Lloró durante ese día pero, el día siguiente, cogió su hoz. Empezó a segar el campo, olvidando las lágrimas en el fondo de su corazón, para seguir el camino que le había tocado vivir.”

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