El abecedario dentro del ombligo

El abecedario estaba colgado en la pared, yo perplejo lo miraba sin comprenderlo. Me costaba concentrarse en sus letras, que no tenían ningún sentido para mí. Eran tan diferentes y tan faltas de significado, que para mí mente solo eran símbolos perdidos en el espacio.

Mi teoría que era bastante descabellada, fue llamada por mí “El abecedario dentro del ombligo” que trataba de lo siguiente:Un buen día observando mí ombligo, en mi habitación, descubrí el por qué las letras del abecedario no seguían ningún orden.

“El abecedario para mí era un agujero negro; no se ni cómo ni cuándo se formó. Pero yo tenía la certeza, que las letras salían por un punto parecido a mí ombligo, que para mí mente imaginativa de niño, era el final del agujero negro.”
 
Yo me frustraba por no entender a esas malditas letras, por ello, no conseguía aprendérmelas. Pero sin embargo, los número no tenían ningún secretos para mí; me encantaba sumar, multiplicar y restar. Pero esas letras dichosas no eran para nada mi fuerte, en consecuencia, siempre que recitaba el abecedario me saltaba alguna letra.
 
Llegó el momento en que su profesora Matilda, mujer de letras, le dijo, “¡Lucas, dime el abecedario!”, entonces él desconcertado miró a la maestra. Su silencio llenó todo el espacio. La maestra cansada de esperar a que yo lo recitara, me preguntó, ¿Si me lo sabía?. Yo le contesté que no había conseguido aprendérmelo porque no lo entendía. Ella ante mí contestación, se quedó pensativa, hasta que por fin después de tener a toda la clase en ascuas, me dijo lo siguiente: ¡No lo tienes que entender, Lucas, solo tienes que aprendértelo!
Yo le sonreí con una sonrisa de aceptación, pero su contestación no consiguió amainar mi incertidumbre. Entonces le expliqué mi teoría “El abecedario dentro del ombligo” ella me miró, hizo un silencio, dijo “¡Carlitos mira que eres vago, no hace falta inventarte tan descabellada escusa para escaquearte de decirme el abecedario!” Yo bajé la cabeza y todos los niños empezarón a murmurar.
 
Así quedó la historia que me traumatizó durante largos años, quedando gravada dentro de mis recuerdos a fuego vivo. Todavía no entiendo el mecanismo de las letras, pero he aprendido durante estos años que son parte de un mundo tan antiguo que aunque no se rijan por el mundo de la lógica y las mátematicas, son esenciales para las personas y para el mundo.
Las letras juntas hacen palabras, esas palabras forman párrafos y ellos a su vez textos tan bellos como la poesía y tan extensos como la novela, para los amantes de la investigación tesís.