El tenedor que apunta a la verdad

September 24, 2013 Relato Comments (2) 661

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Rosa era una persona que amaba la palabra amor. No por su significado tan variado, sino porque pensaba que a todo había que añadirle ese variopinto ingrediente tan popular llamado amor. Pero sin embargo lo paralógico es que ella se dedica a investigar la falta de él y otros misterios que ahora mismo no vienen al caso. Su amado era su propio trabajo todavía no había encontrado nada que lo pusiera en segundo plano.

 

La verdad era que sabía de sus métodos, pero no que fueran tan eficaces. Empezaré desde el principio, una noche no lo suficiente lejana, estaba yo cenando con ella y mi marido.  Bueno, la noche siguió bastante tranquila  y incluso aburrida, incluso la cena no sabía del todo bien, era más bien sosa. Su comportamiento de ella bastante raro, me resultaba sospechoso, más fuera de lo común de lo que nos tenía acostumbrado. Por su específica conducta o más bien una obsesión por el tenedor de mi marido, me hacía sentirme incomoda.

 

De repente Rosa me miró y me cucó el ojo, y entonces, me dijo de forma irónica: “¿Te vienes al baño?”. Yo le  respondí con un movimiento de cabeza y me levante. Mi marido nos observaba con una mirada de incredulidad y a la vez indiferente al dirigir de nuevo sus ojos hacia a su plato de cordero envuelto en una salsa verde, no muy apetecible.

 

La seguí al baño no muy atenta a lo de mi alrededor. Solo seguía el  camino que ella me mostraba. AL llegar nada me parecía extraño, solo éramos dos mujeres que iban al aseo. Me pregunté que me querría decir, pero viniendo de ella cualquier cosa se puede esperar. Cuando ya estábamos dentro, me confesó algo que me costó creer. Es algo que jamás hubiera esperado de ningún modo de esa persona tan querida.

 

La conversación comenzó de la siguiente manera:

 

—¿ Tú has visto cómo coge tu marido el tenedor?

 

—Sí, por..

 

—No se, porque estaba llevando un caso en Río de Janerio, ya sabes una cuestión de cuernos que te mencione.

 

—Ahh, me suena vagamente, no lo recuerdo muy bien.

 

—El magnate forrado que me contrato para seguir a su mujer por esa ciudad. El hombre que estaba con ella cenando me resultaba familiar, pero no podía ver su cara desde el ángulo que estaba. Solo la veía a ella con gran claridad y al hombre sin embargo, solo veía sus manos las cuáles me resultaron de gran interés. No se que veía en ellas, me resultaban tan — le interrumpí— conocidas para ti.

 

—Exacto.

 

—¿Es alguien conocido por ti y por mí?

 

—Por las dos, lo que pasa es que no se si debo decírtelo. Es algo que creo que debería hacerlo el mismo.

 

—¿¡ No me fastidies que es mi hermano Mauro?! —resoplé— ¡Menudo sinvergüenza!.

 

Bajé la cara hacia abajo avergonzada de ser de su misma familia de mi hermano, el rufián, que no tenía miedo de la propiedad ajena a él mismo.

 

—Más quisiera yo que fuera el capullo de tú hermano —dijo mirándome a los ojos compungida— es alguien a quien amas y que tú creías que te amaba de verdad.

 

—No puede ser Mario, no puede ser él, es imposible. ¿Por qué crees que es él?  —le grite— ¿Por qué dímelo?.

 

—Lo he descubierto hoy en la cena.

 

—¡¿ Cómo?! —dije desconcertada.

 

—Su tenedor, o más bien, su forma de cogerlo.

 

—¡¡ Que dices!!, no tiene sentido acusar a una persona por como coge el tenedor, es absurdo —dije irritada.

 

—No me crees  —hizo un silencio y luego prosiguió enfadada— esto es indignante, juzgar mi trabajo.

— Ya que no te convence lo que te digo, te enseñare la prueba concluyente de lo que te he contado.

 

Sacó del bolso color caqui, no muy elegante, un sobre que me extendió y el cual yo cogí con rapidez. Me fijé en las manos y efectivamente era cierto. No solo eso, el traje que llevaba se lo había regalado yo. No me podía creer que fuera verdad su intuición, hasta que vi sus manos. Lo que más me enfureció, fue la mano de ella cogiendo la suya y mirándole con unos ojos que le devoraban con la mirada. Me había mentido, desde luego, no era una simple reunión de trabajo. Entonces, quité la mirada de esa foto y me volví hacía el espejo y vi  mi cara desencajada y descolorida.

 

Mire a mi a mi gran amiga y grite:

 

¡¡Maldito tenedor!!

 

Cuando llegué a la mesa no pude a mirarle a la cara, solo podía odiarle y no tenía nada que escuchar de él. Me levanté, me acerqué a él, le di una última ojeada de despecho. En ese momento, una furia recorrió todo mi cuerpo y me hizo explotar de una manera poco común en mí. Cogí el plato de su comida y se lo vacíe encima cubriéndole de salsa verdosa, y seguidamente se lo estampé en la cabeza y eché a correr. En ese momento no pensé en su bienestar, sino en mi corazón roto y desgarrado por su traición. Ahora me arrepiento por mi comportamiento intolerante, pero por aquél tiempo solo me preocupaba mi ego herido.

 

Mi amiga Rosa flipó con mi reacción, no hizo nada, dejó que me fuera corriendo. Mario sin embargo, se quedó pasmado ante mi loca conducta. Ahora la única relación que tenemos, son unos papeles fríos que no significan nada para mí y todo para él. Me imagino que  quiere romper con la exmujer desequilibrada en que me he convertido. Me alegro de haberlo dejado, pero no de como sucedió todo. Ahora me siento que mi vida está perdida. No se si tendré fuerzas para conocer a otra persona y ni siquiera se si me aceptarán los hombres, después de lo sucedido. A pesar de todo, aún sigo queriéndole a él.

 

Rosa no se si volverá a decir a una amiga que es una cornuda. Ella me anima más bien como puede, dentro de su capacidad de amiga, la cuestión es que se encuentra a mí lado y eso es lo que cuenta. No se si echarle la culpa al tenedor o a mí misma por no saber lo que necesitaba. Aunque la verdad los dos tenemos algo de culpa, o eso es lo que me suelo repetir. No lo escuché. Solo reaccioné. No se si esa foto me muestra su cara oculta o son imaginaciones mías. Pero para que pensar ahora ya está echo.

 

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El camino

June 24, 2013 Poemas Comments (2) 761

Chema Madoz

Una voz susurra mi nombre en la lejanía.

Me siento desaparecer entre la multitud de pensamientos.

Que me envuelven en los recuerdos que creí olvidados.

 

Mi camino solitario es pesado,

al no encontrar una mirada delante, sólo camino.

Amo mis huellas en la arena, solitarias y anodinas.

 

Olvidar lo que fui para renacer en lo que soy.

Mi destino es mirar atrás sin resquemores

o sólo conformarme con ser misógina,

al odiar mi vida, por ser un reflejo de lo que debería a ver sido.

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El miedo, fiel compañero de la soledad.

May 30, 2013 Poemas Comments (2) 562

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La soledad me envuelve en el inmenso frío sin más remedio.

Eso hace que yo con mis piernas y brazos, me arrope.

En ese momento, me quedo  paralizada.

Entonces, el miedo me devora entre sus tentáculos y me aprisiona.

 

A veces somos nosotros quienes enfriamos y  petrificamos nuestros cuerpos,

hasta inmovilizarnos.

El  miedo nos hace sentirnos envuelto por la nada.

Convirtiéndonos en polvo que desaparece entre el remolino de hojas

y papeles desechados, transformándonos en olvido.

 

¿Por qué sentimos miedo?,

que pregunta tan simple y compleja.

Pero si sabes la causa,

se transforma en una sencilla pregunta.

Por ello, la complejidad de su respuesta,

es superar la soledad que envuelve ese miedo,

que parece alimentarse de tus entrañas.

 

Porque sin duda es ella, quien se mete en los huesos.

Nos destroza, la soledad, traicionera,

 que se convierte en nuestro enemigo al encerrarnos en nuestro caparazón,

y no dejar salir esos pensamientos que nos supuran.

 

¿Quién llega primero, el miedo o es la soledad?

El miedo es el que nos enferma de soledad.

Por ello, al matar el miedo, la soledad llora por este fiel compañero,

hasta tal punto que muere con él.

Y ese día, nuestros cuerpos dejan de tener escalofríos

y sienten paz al sentir que la tormenta ha amainado.

 

La vida se vuelve luz

al llenarse de plenitud y de felicidad.

Los días se vuelven calurosos,

y nuestras bocas cada día crean una nueva sonrisa,

llenando nuestras caras de pequeños caprichos,

que son trazos de rayos de sol  en nuestros ojos.

 

 No dejar que el miedo

nos convierta otra vez, en una piedra sin vida.

Pensar que si os convertís en una naturaleza marchita,

debéis de luchar siempre por florecer dentro de la adversidad.

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El dolor de los amantes y su condena

February 15, 2013 Poemas Comments (0) 506

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El amante, Alon:

Allí donde no existe el ruido de los gritos de dolor.

Allí donde dos amantes se unen en uno sólo.

Sin entender sus perjuicios y su eterna libertad

y su sola vida sin entender que son sólo uno.

 

Allí donde viven la arena seca sin una gota de dolor que condene al mundo.

Allí donde tan sólo existe el amor.

Allí donde está el dulce aliento de la muerte.

Allí dónde sólo nace vida alrededor.

Dulce es el paraíso olvidado,

entre escritos de un poeta,

que llora con sus lágrimas

este amor y los delirios del mundo.

 

Que dulce se recuerda un día feliz,

pero que dolor recordar un día vencido,

por la muerte y la propia maldad,

ascendiendo como un pétalo marchito.

 

Que profundo es el dolor al olvidar lo que amamos

por un segundo, de repente, resurgen los recuerdos.

En una flor marchita y olvidada en un campo.

 

Al sentir un ángel caído,

tan blanco y profundo,

la verdad de mis palabras

se convierten en fuego.

 

Bellos somos desconcertados por el dolor

y esperamos hasta encontrarnos con nuestro aliento.

Para que el destino resurja en un amanecer.

¿Condenarán las manos?

¿Harán pedazos esa  libertad que tanto anhelamos?.

La noche envuelve nuestros cuerpos,

nos hace esclavos de la locura.

 

 

Por siguiente, vamos a escuchar la conversación de los amantes y  mis consejos ante está situación:

 

Al oír sus palabras yo le contesté, al pobre amante:

 

¡Que historia más bonita! Y a la vez se convierte en una tristeza

que llega al alma.

Debe derramarse sólo una lágrima y luchar por el amor que ha surgido entre

sentimientos puros.

Debeís seguir vuestras propias voces y olvidar lo que os condena.

 

Dijo el amante al oír mi sabio consejo:

 ¡Qué difícil es seguir tus propios deseos y tus sueños!

Porque el dolor es lo que no te deja avanzar

y te hace desvanecerte dentro de una tormenta.

No sabemos como seguir, porque los fuertes aires

 nos llevan y nos separan.

Al oír esto,  Liliana se enterneció:

 ¡Condenan al mundo con guerras! ¿Por qué no nos van a condenarnos a nosotros?.

Le gusta destrozar con su poder lo claro y lo profundo.

Nosotros somos sangre olvidada en sus manos.

Sólo quieren someternos,

nuestros sentimientos se vaporizan en sus manos.

 

Contestó él con ojos llorosos:

¡Tú eres lluvia y aire fresco!.

Por ello, los  ahogaremos en nuestro torrente de agua fresca

que se irá deslizando en sus mentes,

para convertir el odio en compasión.


Al oír esto con efusión le contestó ella:

 Sus llantos se escucharán por todos sus prejuicios.

Sus gritos se oirán al recordar nuestros nombres

con desesperación en sus mentes por el mal desatado.

Moriremos si no nos escapamos de ellos.

Al oír su conversación desde detrás de ellos, sentí su sufrimiento y me conmovió.

Le susurré lo siguiente:

Los asesinos son vuestras  propias circunstancias.

Debéis huir sin recordar este hogar maldito y a la vez hermoso.

No miréis atrás sólo volar a un lugar desconocido.

 

La sirvienta de la joven era una vieja amiga de infancia y me contó toda la historia y yo reconocí a mis dos amantes en su narración. Yo era una humilde tabernera y también la consejera de almas destrozadas como la de ellos dos. Ella me contó lo siguiente:

Yo limpié sus lágrimas y le consolé,

pero ella siguió deseando morir.

Le contó cómo las manos de él se despegaron de las de ella,

al entrar en su escondite la guardia de su padre,

un grupo llamado “La escarcha helada”.

El era de esos caballeros, pero cometió un error al enamorarse de mí.

Ella se derrumbó a mis pies y luego huyó al bosque depositando en mi

esta carta.

(Entonces la sirvienta me dio la carta, cumpliendo el deseo de la joven Liliana,

entonces yo comprendí que debía entregársela al joven enamorado Alon. )

 

 

Yo le entregué la carta Alon en la mazmorra del “Castillo Alado”,

me hice pasar por su confesor:

Su cuerpo estaba herido,

pero su corazón seguía vivo,

al ver la carta su rostro demacrado mejoró.

Su sonrisa le iluminó la cara marchita.

me acerqué a su oído,

━Ábrela al anochecer ━le dije en un susurro.

 

Me sentí renacido por ayudarlos,

pero la tristeza me envolvió al enterarme

que el padre le asesinó en la noche.

Al descubrir la llave en su mano

y la nota de su hija escondida cerca en su pecho.

Que decía:

“reúnete conmigo en el árbol seco,

cerca del camino enpendrado,

donde nos conocimos”.

 

De su hija jamás se supo,

porque nunca apareció en el lugar acordado

y tampoco su cuerpo.

Dicen que se convirtió en la sombra de su padre

para atormentarlo.

Pero lo que yo creo es que:

“Ella murió y ahora es el árbol machito

que sólo florecerá si el cuerpo de su amado

vuelve a ella para alimentar a sus ramas podridas.”

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Ángel tras sus sueños

February 9, 2013 Poemas Comments (0) 380

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Vuela tras la tormenta de pensamientos,

para reunirse en un sueño donde secuestra una vida

que no es la suya.

 

El cae a la vez que sus plumas

y rompe sus anhelos.

Sueña entre unas manos perdidas

sin  saber que escoger.

 

Él es un globo que vuela

sin temor a desaparecer.

Sólo quiere ser libre y perderse en sus sueños

y olvidarse de despertad.

 

Su vida en realidad es un símil, a la de un ángel caído

que no sabe recordar lo que era.

Sólo es un simple humano con miedo.

Que ama y espera ser querido.

 

Adora el orden y odia la novedad.

Está encerrado en una burbuja de cristal

en la que se olvida, sentir su corazón.

 

Pobre hombre sin alas,

que sólo espera cada día volver a su cómoda existencia

llena de monótonas vivencias,

repetidas una y otra vez .

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El pasado siempre vuelve

January 28, 2013 Historia negra Comments (0) 402

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Estaba sola, su vida no tenía salida en su mente, sólo tenía una idea, huir de su vida. Ya tenía pensado el plan, primero haría la maleta, cogería las camisas de verano, sus jerséis de invierno y sus pantalones vaqueros favoritos y por último su ropa interior. Lo segundo que haría, sería mirar a su marido y a sus dos hijos por última vez. Esto sería duro, pero sería lo mejor para ellos o eso pensaba ella, tercera y última cosa, jamás miraría atrás.
Cuando huyes de lo que más quieres, sólo piensas en si algún día te perdonarán. Por eso, mientras caminaba sola, pensaba en su nota donde sólo había un breve perdón y una lágrima que desteñía  mi única despedida.
Mientras camino pienso lo que voy hacer desde este instante. Las calles de Anelliv están oscuras y todos sus peculiares vecinos con quien he compartido mi vida están durmiendo sin saber nada de mi huida.
Llegué al punto más alto del  pueblo, donde había un gran castillo de la época árabe, lo miré por última vez y me despedí de mi antigua vida, en ese instante me dí cuenta de que no puedes escapar de lo que eres, porque el pasado siempre vuelve a tí aunque no quieras.
Siempre me he preguntado, ¿qué es lo que nos hace creer que hemos cambiado?.
El lobo es lo que es, aunque se vista de cordero.
Esperé durante una hora, hasta que un todo-terreno plateado apareció entre la oscuridad llenando de luz todo a su alrededor, al verme se paró y yo me dirigí hacia él con paso firme, nunca había tenido miedo de nada, porque eso te hace débil. Eso lo aprendí con tan solo siete años, la verdad es que mi vida no había sido fácil. Recuerdo la primera vez que lo perdí, se esfumó como un globo de helio suspendido en el inmenso cielo, fue la primera vez que tuve un arma en mis manos, era un pequeño revólver chato y muy manejable. Lo raro de aquello es que para mi sólo era un pequeño juguete, hasta que un día en la cueva en las montañas entró un leopardo de las nieves y yo cogí mi revolver con cuidado y le disparé, a partir de ese momento dejé de ser cobarde para ser una asesina.
Me subí al todo-terreno miré a mis nuevos amigos o enemigos según se mire. El que estaba a mi lado era un viejo conocido Amil, un asesino y torturador, el conductor era Jamila la experta de explosivos y a su lado estaba el hijo del jefe de la tribu de la daga negra Romil agaf, él había sido mi compañeros de juegos.
¿No se como me habían encontrado? Pero debía ir con ellos, era cuestión de guardar a lo que más amaba, lejos de lo que en el pasado me había convertido. Mi cuerpo se estremecía al mirar por la ventana y sentir que ya no volvería a mi tranquila existencia. Mientras me alejaba del pequeño pueblo algo se rompía dentro de mí.
Mi misión era llegar hacia mi antiguo padre y dueño de mi vida, no se si quería matarme con sus propias manos o serían otros quien lo harían. Mi vida esta en un hilo muy fino que no se si se cortará hoy o quizás otro día, pero lo que sí sé  es que mi cuerpo está manchado con una mancha negra, que pronto llenará mi cuerpo y se llevará mi último aliento.
Durante el trayecto en el coche nadie habló, solo se oía el sonido del aire pegar contra los cristales y un sonido de tambores tribales proveniente de la radio. No se miraban entre ellos. Para ellos yo era un simple paquete, en referida cuenta trabajo.
Rompí el silencio.
━¿Dónde vamos? ━Dije con cierto aburrimiento.
Se volvió y soltó sus sucias palabras.
━Al infierno, Dana ━contestó riendo Romil agaf.
Le miré con cara confusa.
━Nunca me perdonaras ━le dije, mirándole a los ojos color avellana.

El se echó a reír, su risa era estridente para mis oídos.

━El dolor jamás se olvida, pero la venganza lo hará desaparecer.Temes a la muerte lo se, pero la desearás más que nada.

Entonces lo mire con odio y le escupí a su cara rajada, él se limpió y con sus labios hizo una mueca de felicidad.
Todo el coche se empezó a reír como un coro diabólico.
No volví abrir la boca hasta que llegamos.
Llegamos a un prado llamado “Llanura amarilla”. De repente,  recordé ese lugar y me paré. En ese instante miré a mi alrededor, el tiempo se detuvo.

Era verano el sol se sentía fuerte en mi cabeza  y en frente mía estaba  un hombre asustadizo con gafas, mi reflejo estaba en sus gafas, donde estaba mi revolver del calibre 32 apuntándole. Al lado mio estaba Romil,  él insistía que disparará, pero yo no podía hacerlo. Estaba harta de matar y mis manos temblaban.

━¡¡ Déjame o te meto la bala a ti!!!  ━Le dije a Romil enojada.

Entonces él me quitó el arma. Yo saqué un cuchillo de mi cintura y le raje la cara y se lo hinque en el costado y cayó al suelo. El hombre y yo escapamos. Se oyó un disparó. Yo seguí corriendo hasta llegar al coche y al mirar hacia atrás vi el cuerpo inerte del hombre. Subí y arranqué  el motor. Sentí por primera vez en mi vida el sabor de la libertad.

En ese instante regresé a la realidad. ¿Era esto un bucle que me lleva al mismo lugar? Pero sin embargo algo había cambiado. Ahora era yo la que iba a caer, ante aquél campo seco. Al aparecer sólo necesitaba ser victima para que el miedo se instalará dentro de mí. La muerte era el fin y el revolver le guiaba para que ese fuera mi destino.

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La personalidad

July 12, 2012 Relato Comments (0) 389

    Estaba en el tren al lado de una chica que vestía un estilo punk. Yo estaba pensativa y nerviosa, no paraba de moverme. Ella me miró con cara de curiosidad.

━Te veo nerviosa ━me dijo.

━Solo estoy emocionada. Porque puede que comience una nueva vida y no sé cómo va salir ━dije con cierta emoción e incertidumbre.

Ella perpleja me miró y me dijo:

━Solo despega y vuela, lo demás ya vendrá.

     Me quedé pensativa durante un largo rato, sintiendo miedo al pensar que ya no era una niña. El pensarlo hacía que mis piernas temblaran. También tengo temor a equivocarme y que no haya vuelta atrás.
━Eso espero.. ━dije con una sonrisa irónica.
━Ahh, por cierto ━me dijo ━me llamo Amanda.
━Lo siento por no presentarme antes ━soltó una pequeña sonrisa tímida.
━No pasa nada, yo soy Sofía ━le dije yo, de manera respetuosa.
Cuando llegué a puerta de atocha me despedí de la chica y le agradecí su buen consejo.

━Espero que soluciones todos tus miedos ━me lo expresó como si yo fuera su amiga. ━Yo le miré, le dije ━Gracias.

     Al bajar del tren cogí la escalera mecánica, proseguí por el largo pasillo que tenía una rampa deslizante. Por fin estaba aquí, en busca de un futuro que me llenará de posibilidades. Al llegar a la puerta, me toqué la oreja y comprobé que mi pendiente no estaba, y me dije a mí misma,”¡ya estoy gafada!”.
Si os digo la verdad yo antes no creía en estás chorradas, pero me los había regalado mi madre y cada vez que perdía uno, se enfadaba bastante conmigo y el mundo parecía conspirar contra mí. Haciéndome sentir tan deprimida que todo me salía al revés.

     Después de esperar largas semanas…la entrevista ya ha llegado. Cogí varias líneas de metro hasta llegar a mi destino. Pensé en cómo afrontar mi primera entrevista de trabajo. Me vino a la mente la siguiente frase: “La vida trae posibilidades, solo tú puedes aprovecharlas”. Las cuales me levantaron los ánimos.

     Al entrar me senté en un sofá, a la espera que el reloj de la sala dejará de sonar con sus insistentes tintineos al pasar cada segundo. Mis nervios estaban que querían salir por mis poros. Después de veinte minutos en esa horrible sala, se abrió la puerta y salió para mi sorpresa aquella chica Punk, Amanda. Era imposible, no me lo podía creer, que terrorífica coincidencia. Ella al verme me sonrió y se largó sin más. Mi cuerpo dejó responderme. No parecía la misma, su ropa ahora era más formal y su manera de sonreír era comedida.

     Me levanté para ir hacía la puerta abierta, y al llegar a la habitación sólo había; una mesa, tres sillas vacías y una máquina de agua. Me pregunté:

━”¿Dónde estará la entrevistadora?” Que ridícula pregunta, entonces deduje que era  Amanda .

     Me senté otra vez en el sillón y me caí tan derrotada al recordar mi estúpida actuación en el tren.
Estaba tan impactada, que no me di cuenta ni cuando ella entró.

━Hola Sofia.

━¿Cómo está? Espero que bien ━dijo como pequeña broma.

━Que coincidencia el mundo es un pañuelo ━dije en tono formal.

     Luego ella siguió con una prueba psicológica. Me preguntó acerca de qué haría si me encontraba en ciertas situaciones comprometidas en mi vida personal, y yo respondí con cierta brevedad. Estaba incómoda ante ellas. No comprendía como para ser una simple secretaria de un abogado necesitarán tantos datos de mi personalidad.

━”seguro que la anterior secretaria le había causado problemas en esos aspectos” ━Pensé.

Después de mi interrogatorio, percibí en su cara cierta decepción.

     Aquí termina mi historia con esa chica. Porque cuando salí de allí jamás le he vuelto a ver. Aprendí de esta experiencia, que las coincidencias pueden ser un arma de doble filo, y que debes tener en cuenta tu personalidad a la hora de enfrentarte a una entrevista.

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La oscuridad

May 6, 2012 Historia negra Comments (0) 356


Las luces del atardecer se apagan cuando una canción suena dentro de mí. Bailo sin miedo. La escucho cada vez más alta. Las luces y colores me rodean. Estoy cansada y los pies se me han roto de tanto bailar. Pero aún así la canción retumba dentro de la cabeza cada vez más fuerte hasta volverme loca. Los colores intensos que antes impregnaban todo han desaparecido. De repente, la estancia se queda sin luz. Entonces caigo al suelo y veo como poco a poco una sombra lo cubre todo. Ya nada brilla. Sólo estamos la oscuridad y yo. La vida se ha ido. La música ha parado. Ahora queda un vacio profundo que lo llena todo.

Veo una luz en la lejanía, que hace de antorcha en la lobreguez. Se asemeja a una bola de fuego incandescente. Mis ojos están seducidos por ella. Me levantó con cuidado del suelo. Me dirijo hacia la luz que es como un imán y yo soy el metal atraído por su resplandor. Cuando ya estoy cerca de sus rayos siento como una paz interior. Entonces, para tocarlos, alargo mi mano que la envuelve fulgor. En ese instante, deseé sumergirme en ellos y no sentir más miedo por estar cubierta de tiniebla.

Me siento viva. La luz resplandece dentro de mí. Me transporta a un lugar lejano de aquí, donde hay un prado enorme lleno de flores de diversos colores, lirios, narcisos y dedaleras, en los bosques de abetos en el pirineo. Es un paisaje conocido para mí, porque es allí donde había pasado varios veranos cuando era pequeña.

No siento miedo. Sólo quiero correr por los prados y olvidar lo sucedido. Sentir el aíre en las mejillas y la hierba en los pies. Los ciervos y los caballos corren libremente conmigo. Los abejorros y abispas zumban con el aleteo de sus alas diminutas, los cuales se dedican a sobrevolar las flores y germinarlas. Mientras las pequeñas hormigas corretean entre la hierva alta en busca de comida y yo corro entre entre el esplendor del prado verde.

—¿Qué hago allí? —Me preguntó y entonces, me paró en seco.

Una tormenta lo cubre todo. La lluvia y la neblina no me dejaba ver por donde caminaba. Sólo veía  el agua caer.  En ese momento, aparece una sombra que me coge y me saca de la tormenta. Yo me tropiezo contra una piedra y ne caigo al suelo. Cuando mire hacia arriba la sombra se había convertido en la figura de un hombre. Su cara está translucida no la distingo bien, pero siento su presencia.

—¡Despierta, tienes que huir! —dijo una voz proveniente de él.

En ese mismo instante, su cara se convirtió en la de alguien familiar. Sus ojos azules se reflejan en mis gafas y su pelo negro me recuerda al mio propio. En ese momento, me viene a la mente el rostro de mi padre. Es ahí, cuando despierto. Estoy repleta de sangre que proviene del costado.

Se ha borrado todo lo ocurrido con anterioridad en mi mente. Sólo sé que tengo que huir de allí. Corro por las calles sin aliento  la herida no deja de sangrar. Miro hacía atrás esperando que apareciera el asesino. Entonces,  me dije:  ¡no puedo más! y caí al suelo agotada.

Me miro las manos. Están teñidas de rojo carmesí. En ese momento la memoria empieza a resurgir. Estoy en una habitación completamente sóla. Por supuesto, esa maldita sombra que me persigue por toda la estancia y entonces la mato sin piedad.

¡¡Oh no mi padre!!, lo he matado. La herida me la hizo él,  intentando defenderse.

—¿¿¿¿¡¡¡Dios mio qué hecho!!!??— dije gritando, desmoralizada.

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La soledad de un mundo muerto

March 14, 2012 Historia negra Comments (0) 315

Estaba en la habitación sentada en el suelo. Mis pensamientos iban y venían. la cabeza me iba a estallar. Me puse las manos sobre está y luego me acurruqué en un rincón. No sabía qué hacía allí. Sólo recordaba que estaba corriendo en el  parque. Ahora estaba aquí sola y oyendo ruidos que retumban junto a mis pensamientos. Siento frío en las manos.

Abracé mi arma como si fuera mi compañera, mi amiga, mi protectora. Mi mente daba vueltas sin parar desgarrando las neuronas que me quedaban vivas. Miré a mi alrededor. Junto a mí había un cadáver, pero lo más extraño es que no había muerto por una herida de bala. Mis manos estaban llenas de sangre y eso hacía que mi mente estuviera aún más confusa. Intenté recordar lo que había sucedido, pero sólo conseguía un fuerte dolor de cabeza.

Fui hacia el cuerpo tirado en el suelo con el arma apuntando a todos lados como esperando que se levantara. Cuando llegué, me sentía sin aliento y muy alterada. Su cara me resultaba familiar. Era pelirrojo y con unos ojos grandes de color esmeralda. Sus labios tenían una eterna sonrisa y su mirada estaba fija en mí, como si yo fuese su asesina. Pero…yo no había sido, ni si quiera recordaba… haberlo hecho. Otra vez ese dolor intenso que me golpeaba en la cabeza.

Anduve hacia la puerta de la habitación y estaba cerrada. Mis ojos empezaron a llorar como si la situación diera pie a ello.Como si la desesperación cubriera mi interior de una oscura sensación. Yo era un monstruo encerrado en mi propia jaula de sufrimiento. Mi mente estaba envuelta en dudas que sólo yo podía responder.

—¡Maldita sea! ¿Cómo puedo huir de esta situación? —me dije.

Me acerqué hasta el muerto. Registré su ropa en busca de una identificación. Sólo encontré una cartera sin dinero y tres fotografías. Dos de sus hijos y una en la que aparecía con su mujer. Sentí lástima por él y su familia. Me sentía culpable. Pero yo estaba en su misma situación. A mi vida le faltaba poco para llegar a su fin.

Entré al baño de la habitación y en el espejo vi mi cara reflejada. Tenía los ojos rojos y la cara demacrada. Mis cabellos parecían una maraña de nudos y tenía un corte en la mejilla.

—¿Será esto un sueño del que me tengo que despertar? —Pensé.

Últimamente no dormía bien y cuando lo hacía mis sueños eran terroríficos. Abrí el grifo para lavarme la cara, pero el agua estaba cortada. Me fijé en las cortinas blancas de la bañera estaban cubiertas de sangre. Fui a ver qué había detrás y, para mi sorpresa, era la mujer del hombre de la otra habitación. Estaba muerta. La habían degollado.

¿Dónde están sus hijos? ¡Qué horror!

Empecé a marearme. Mi mente perdió su lucidez. Caí al suelo y de repente empecé a gritar. Ese mundo muerto y podrido había desaparecido al despertar en mi habitación. La pistola aún seguía entre mis manos, como mi fiel compañera en la soledad de mis pesadillas.

¿Es un sueño o mi propia realidad? ¿Cómo podría saber cuándo era un sueño y cuándo no?

Quién sabe a lo mejor estoy loca.

Mad_World____by_Stonekeep

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Agua viva

February 21, 2012 Relato Comments (0) 408

La niña estaba junto a su casa canturreando lindas canciones que le había enseñado la madre. Ella la observaba por la ventana mientras hacía rica comida con habichuelas, lentejas y carne picada. La niña empezó a llorar desconsolada. Sus llantos y sus gritos sonaban como un pájaro herido.

La madre oyó el grito ahogado de su hija y se le cayó al suelo el cucharón que llevaba en la mano y un cuchillo que estaba cerca. Salió corriendo hacia el bosque y pensó en ir a buscar a su marido al puesto de montaña donde él trabaja.

La pequeña estaba desorientada por el sol radiante que le pegaba en la cara. Se dio cuenta que estaba mojada, pero no recordaba cómo había sucedido. Entonces empezó a recordar que estaba cantando y preparando a su muñeca para ser princesa.

Recuerdo que fui a beber al río porque tenía sed. Al llegar a él, metí mis manos. Algo me las cogió y me caí al agua. Entonces sentí como me convertía parte del río y luego fue como si la corriente me llevará. No se en que momento perdí la memoria, porque no recuerdo cómo he llegado ha éste lugar.

¿Qué hago en esta cueva? —me pregunté nerviosa.

Mientras me agarraba con fuerza mis piernas.

Su madre llegó, gritando y nerviosa, al puesto de su marido. Estaba atormentada por lo sucedido. Cuando consiguió calmar sus nervios le contó la historia.

—Mi vida, ¿estás segura de que no está en su habitación? —el marido la tranquilizó con estas palabras.

—No lo sé, pero lo que sí que sé con certeza es que sus gritos provenían del bosque y sus juguetes estaban tirados en el jardín, pero ella no estaba.

La niña se sentía triste y abandonada y el reflejo de su cara en un charco le hacia pensar lo peor. Su cara estaba pálida y sus ojos azules estaban rodeados de ojeras. El ser que le había arrancado de su hogar. No sabía realmente qué quería o qué buscaba en ella con tanta insistencia. Pensó en sus padres y en lo desesperados que estarían buscándola.

Todo el pueblo la buscó  desesperado por el bosque, gritando su nombre:

—¡Carla, Carla!

Pero cuando anocheció, no hubo más remedio que irse y sus padres cabizbajos se fueron desesperanzados.

—Mañana seguiremos buscando hasta que nuestros pies y nuestras piernas se derrumben —dijo el jefe de policía.

—No se preocupe Ian, la encontraremos. Dándole ánimos se acercó y le dio una palmada en el hombro a mi padre.

Carla estaba ansiosa porque había oído a sus padres gritar su nombre. Ella también había gritado y pataleado dentro de la cueva, pero sólo le respondía su propio eco. Entró una corriente de aíre intenso que alborotó su pelo. Esto hizo que no viera que había una columna de piedra justo delante de ella y se dio un golpe tan fuerte que cayó al suelo inconsciente.

El bosque parecía triste y desolado por la tragedia. Era el bosque “maldito” en donde sólo se oían perros y policías dando órdenes a una multitud de gente que la buscaba. Los animales, con tanto revuelo, corrían despavoridos al verlos porque para ellos eran intrusos.

Sus padres, desconsolados después de dos días de búsqueda  intensiva, ya no sabían qué pensar. No había ningún rastro de ella ni de su ropa desgarrada tirada por el bosque, ni pisadas de algún extraño. Todo era normal excepto que su hija había desaparecido. Estaban en su casa desorientados, pensando qué se les escapaba de aquella mañana. La madre salto histérica a llorar y mi padre la abrazo.

—¿Hay algo que vieras raro esa mañana? —le preguntó, intentando animarla.

—La verdad es que fue todo tan rápido. Yo estaba cocinando cuando, de repente, oí los gritos. Miré hacia donde estaba la pequeña Carla y solo vi sus muñecas sentadas en el césped, pero no a ella.

—¡Esto es frustrante! —se lamentó como un pájaro herido y siguió con la conversación entre sollozos.

—Aquella mañana me dio un gran beso y unos abrazos matutinos, era tan cálida.

La niña estaba despierta, pero a la vez soñaba con comida imaginaria: jugosas frutas del bosque, ricos filetes de carne y pasteles de chocolate. Todo esto lo comía con sus padres que le sonreían al ver como devoraba la comida. Estaba tan hambrienta que cada día sus sueños eran más delirantes. Lo que le daba de comer esa cosa era pescado crudo y, alguna vez que otra, bayas del bosque mojadas —¡Eso no era comida, era un suplicio!—. Después de comerlo, siempre lo devolvía. No podía seguir así. Necesitaba salir de allí.

La policía se movía incesante por el bosque. Ella oía sus voces buscando debajo de cada piedra, cueva y tronco caído sin encontrar rastro de ella. El jefe de policía llamó a sus guardias a través del comunicador.

—Muchachos, ¿Habéis encontrado algo? —dijo a través del aparato.

—No, señor, sólo hemos encontrado  animales asustadizos y una ardilla muerta —dijeron sus subordinados en tono serio.

—Bueno, chicos, lo dejaremos para mañana. Nos retiramos —dijo resignado.

Estaba sola y quería escapar de allí. Me levanté para examinar el terreno y descubrí huellas repletas de agua. Eran como pequeños charcos que me llevaban a la cascada. Fui directa hacia ella y saqué la mano por ella. Sentí el aíre y el agua pasando ligeramente por mis dedos. Cerré los ojos con fuerza y salté. Entonces una mano mojada atrapó mi brazo y mi salto se convirtió en un salto para atrás, como los cangrejos. Mi pequeño cuerpo impacto contra el suelo. Enfurecida golpeé la piedra caliza y le grité:

—¡¿Por qué?!

Mis ojos miraban al vacío de la cueva. Cuando solté un grito ahogado, desconsolada me puse a llorar durante horas. El eco reproducía mi llanto con tal fuerza que retumbó en mis oídos.

—¡Maldito cobarde! —le grité y seguí llorando hasta que el cansancio me venció y me quedé hecha un ovillo en la fría piedra.

Su madre recordó la noche que nació, tan pequeña y regordeta. Ella estaba caminando aquella noche con su marido entre los árboles. Se encontraban  allí esa noche para buscar un poco de tranquilidad. En el pueblo celebraban, por aquel entonces, la fiesta del solsticio de verano; con música, ventas de productos del pueblo y sorteo de animales.

La oscuridad se sentía por todo el bosque y el sol cada vez se escondía más. Miramos hacía el cielo que poco a poco dio paso hasta llegar a la noche, y con ello, a la reluciente luna. Nuestro refugio estaba lejos y ya no podíamos volver porque nos perderíamos irremediablemente en la oscuridad. Buscamos un lugar donde guarecernos y encontramos  un hueco en un enorme árbol. Cuando entramos en él se ensanchó para que cogiéramos los dos. Me extrañó su comportamiento, pero no me importó. Entonces me acomodé y mi marido me abrazó y puso su mano en mi vientre.

En ese mismo momento empecé a sentir contracciones y el cielo empezó a tronar. Los rayos eran tan intenso que iluminaron la noche con sus estallidos de luz y ruido estridente. Uno de ellos alcanzó a un árbol cercano a nosotros y empezó a arder. Yo gritaba de pánico al sentir el humo y las llamas. Mis contracciones eran cada vez más fuertes hasta el punto de destrozarme por dentro. De repente, el suelo se cubrió de agua. Mis gritos me desgarraban la garganta y mi marido se puso entre mis piernas abiertas, entonces gritó:

—¡¡Empuja fuerte!!

Tenía miedo, pero debía empujar para que la niña saliera. En mi interior sentía el fuego acercándose a nosotros. Chillaba para empujar. Estaba cansada, pero Ian me dio ánimos:

—¡Venga que ya está aquí! Ya veo la cabeza.

Empecé a empujar con las pocas fuerzas que me quedaban.

Cuando la pequeña carla salió. Empezó a llover, sofocando el incendio que venía a engullirnos. La niña salió bien. Ian le cortó el cordón umbilical y le puso una pequeña pinza del pelo que encontró en mi mochila. Le cubrió con una toalla y me la dio. Era preciosa. Su piel estaba roja de la sangre, pero su cara era tan redonda que parecía una pequeña bola de caramelo.

Al amanecer, estábamos Ian y yo abrazados con nuestra pequeña carla entre nosotros. El día resplandecía con la luz del sol. Nos levantamos cansados después de una noche llenas de nervios y de alegrías. Yo no podía andar, así que mi marido decidió ir a la cabaña porque los móviles en esta zona no tenían cobertura para llamar a la central de emergencias. A las dos horas de haberse ido él, nos despertó el sonido del helicóptero a Carla y a mí. Al despertar, vi que junto a mí estaba Ian que desprendía cierto nerviosismo.

—Me llevaré a la niña al hospital en coche y tú te iras en el helicóptero —dijo con ímpetu.

Bajaron una camilla y mi marido me ayudó a subirme en ella. Me ató bien con las correas y me subieron poco a poco hasta llegar arriba donde había personal médico para atenderme.

—¡Qué recuerdos! La echo tanto de menos que me duele y me desgarra el corazón el pensar que esté muerta —Al final de la frase soltó un suspiro y miró a Ian.

La niña paseaba continuamente por la cueva. Estaba harta de esperar. Aquel aburrimiento la devoraba y, peor aún, conseguía volverla loca. Sin pensarlo miró al frente, cogió carrerilla con todas sus fuerzas y saltó de nuevo. Notó el agua en su pelo, en su piel y por todo el cuerpo. Se sentía libre después de estar días encerrada. Entonces percibió el aíre y el sol en su cara, luego la fuerza del agua al caer al fondo que la envolvió.

Creyó que era libre, pero de repente, una corriente de agua le absorvió y perdió el conocimiento. Entonces desperté de nuevo en esa cueva otra vez. Empecé a chillar:

—Agua viva muéstrate, ¿por qué me haces esto? —luego caí al suelo extenuada y derrotada.

Estaba ya resignada a morir allí, cuando sentí una presencia detrás de mí que me hizo sobresaltarme. Tuve miedo de volverme. Los minutos empezaban a pesar por la larga espera, hasta que por fin decidí enfrentarme a él. Pero antes de que lo hiciera me tocó el espectro de agua en el hombro, dejándolo mojado.

—No tengas miedo —dijo—. Salpicándome con una pequeña llovizna cuando me hablaba.

Me volví para ver su rostro, pero había desaparecido. Miré a ambos lados:

—¿Quién eres? ¿Dónde estás? —dije desconcertada—. Apareció entre el agua de la cascada su cara, alargada y redonda; y sus ojos eran azules como el color del cielo cuando anochece. Entonces él empezó a hablar.

—Soy tu protector, tu hermano, tu maestro, tu conciencia y sin lugar a duda, tu sombra y a la vez tu reflejo. Tú eres hija de la naturaleza. Estoy aquí para que vuelvas con tus hermanos y tu padre. Esté no es tu mundo. Te salvamos cuando tan solo eras un bebé y por lo tanto, nos perteneces. Eres una diosa agua ,Agea.

—Yo soy de este mundo. Ya tengo padres. No necesito más que volver con ellos —dije con fuerza para que respetara mi decisión y empecé a lloriquear.

—Tarde o temprano volverás a nosotros. Nos perteneces —dijo con sentido de propiedad.

Mis lágrimas atrajeron al agua de la cascada hacía a mí y me convertí en parte ella. En ese instante, sentí como mi mente se desvanecía y todo se volvía borroso, entonces, me convertí en parte del río, y en ese momento, me sentí viva al fluir entre los rápidos y remolinos que me llevaban como una rama caída .

En esos minutos de paz,  oí la voz de mi madre, “hija despierta”. Sentí un impulso con fuerza desde mi pecho y mi ojos se abrieron. Miré a mi madre. Cerca de ella estaba el jefe de policía y un médico que me observaba con incredulidad. Mis fuerzas estaban por los suelos. No podía ni hablar, ni levantarme; sólo podía mirarlos y sonreír por haber vuelto a su lado.

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