Caja de rosas rojas

julio 25, 2011 Relato Comments (0) 531

El aire pasa por mis dedos descalzos y mi cuerpo frágil parece resistir mis últimos suspiros. Los años han pasado, pero parece que los recuerdos siempre vuelven a ti como una brisa suave.

Mi vida en el campo, cuando tan sólo era una niña, era dura. Al sentir, caer sobre mi suave piel los rayos del sol abrasando, los días de mi niñez. Recuerdo a mi madre en aquellos años con tal intensidad que podría describirse hasta el último detalle de ella. Pero lo que más me impactó era su forma de arar con voluntad y fuerza, que la tierra rendida a sus pies caía junto al buey que la dominaba.

Mi madre era fuerte como la corteza de un árbol, la cual le sirvió para llevar una familia hacia delante.
Mi padre murió cuando mis hermanos y yo éramos pequeños. Lo poco que nos contaba mi madre de su forma de afrontarlo por aquella época era lo siguiente – «Lloró durante ese día pero, el día siguiente, cogió su hoz. Empezó a segar el campo, olvidando las lágrimas en el fondo de su corazón, para seguir el camino que le había tocado vivir.»

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La luz se apaga

junio 16, 2011 Historia negra Comments (0) 481

Salía del trabajo. Después de largas horas dando vueltas en mi despacho, sobre las pruebas del caso de homicidios de dos mujeres asesinadas, donde yo defendía a sus familias desoladas por la pérdida. Los cuerpos mutilados no se iban de mi mente, solo pensaba cómo podría dormir tras horas de observarlos. Me levanté pegué un puñetazo en la mesa con rabia cogí mi maletín y salí.
Vi a mi secretaria, Laura, sentada tecleando en el ordenador sin piedad.
-Buenas noches preciosa – le dije-
Ella sonrió de forma coqueta.
-¿Cómo es que se va tan pronto? – me dijo sorprendida.
– Si sigo más tiempo aquí me voy a volver loco – le contesté
Aunque sabía que en mi mugroso apartamento me esperaba la soledad de un cuarto vacío.

-¿Usted no se va ya , Laura? -dije yo-
No se preocupe me vienen a buscar -contestó
sin dejar de mirar el ordenador.
– Seguro no me importa llevarla – contesté.
– De veras, no importa… tengo muchas cosas que hacer. -Lo dijo
Como si quisiera que la dejara en paz.
– Bueno Laura,  le dejó con sus cosas no quiero molestarla más- le contesté.
La miré por última vez, bajé la cabeza y salí del trabajo pensando» solo quería ser amable».
Bajé las escaleras con cansancio, mi cuerpo me pesaba. Tropecé varías veces hasta llegar a la puerta de la calle. La luz de la farola era tenue y parpadea sin parar y me dije con monotonía: “Esta luz seguirá meses así”.
A lo lejos vi mi coche tan destrozado como siempre. Aún recuerdo cuando me lo compré era espectacular,duele ver el pasar de los años.

-Todo envejece -me dije resignado.
Hasta que vi la raya en el capo grité:
-¡malditos! Ya no hay respeto ni por el bien privado.

Saqué las llaves cabreado y pensé menuda raya esto va constar quitarla.
 Metí la llave con cuidado y abrí y me senté en el asiento. Cuando fui arrancar, vi un sobre cerrado en el parabrisas. Salí del coche y Cogí el sobre eché un vistazo a mi alrededor, no había ni un alma solo estaban los edificios con alguna que otra farola fundida.
 Ni siquiera me paré a mirarla, la abrí y saqué el trozo de papel doblado y lo leí. Mis manos temblaron y al hacerlo se resbaló el papel y cayó al suelo. Me quedé paralizado un instante. Entonces la rompí con rabia y luego la tiré a la papelera.
 Decidí largarme de aquí, porque mi mente empezaba a sentir que perdía el norte.

-Malditas palabras -me dije.

Arranqué el coche y me fui.

Durante el trayecto me puse a oír la radio local para despejarme – dijo el locutor:

-Un niño ha desaparecido en …
Justo en ese momento se fue la señal.
En ese instante me sonó el móvil miré el número sorprendido era mi ex mujer, Eva, gritaba desconsolada:- Mario se han llevado Alex, nuestro niñito.
– ¿Qué ha pasado?-le contesté con tono preocupado.
Ella me contó lo ocurrido entre sollozos:
-Estábamos en el parque a él le apetecía un helado, entonces yo le dije:
-Ahora vuelvo, no te vayas de aquí.

Al regresar no estaba . Solo había un parque repleto de niños, pero él no estaba. Grité su nombre y busqué hasta el último recoveco, pero parecía que se hubiera esfumado. Pregunté pero la gente no sabía nada.
-«Pagaras con tu sangre»- pensé de nuevo,
Me quedé en silencio.
-¿Me estas escuchando? o ¿te se ha parado el corazón?-Laura asqueada.
– Solo estoy pensando – contesté serio.
En ese momento me maldije por haber roto la nota.
-Como no, te da igual todo lo referente a nuestro hijo-contestó cabreada.
-No se como puedes decir eso, ¿has llamado a la policía?-respondí bastante molesto.
– Por supuesto, me han dicho que están buscando pistas y que cuando saquen algo en claro me llamaran.
– Voy para tu casa- le contesté.
– Vale- dijo ella.

Mi voz interior pensaba en lo peor y entonces decidí no pensar. 
Al llegar a su casa recordé aquellos recuerdos olvidados que me hacían sentir bien. Hasta que vi a mi mujer sentada en el escalón de la puerta. Su cara estaba triste y su mirada sin ningún destello de luz.
 Al acercarme donde ella estaba, se levantó sin ganas, como si su cuerpo delgado y cálido se hubiera convertido en una piedra. Me miró con sus ojos azules, que parecían como si fueran a estallar en una tormenta. Decidí decirle algo, pero no me salían las palabras.

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El amor de los cuerpos

abril 21, 2011 Poemas Comments (2) 744

El amor es como dos cuerpos

enlazados  en un mismo cuerpo.

Uno es amado por el otro.

No temes a nada solo sigues el latido

de su corazón.

Piensan en cada suspiro como el último,

te derrotas ante esa sensación de placidez

y a la vez envuelta en calidez.

No piensas, solo actúas.

Sientes y a la vez lo anhelas

todo de él.

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Los encantadores brujos

febrero 4, 2011 Poemas Comments (0) 442

El agua cristalina

 brotaba del corazón de una montaña que rugía.

Sus pulmones deslizaban por el agua

a las galerías

que  formaban pequeñas grietas

y donde transportaban  las  pequeñas sales

durante años,

hasta transformar sus pequeños hijos

en estalagmitas.

 Los cazadores de almas  residen ahí.

 Su poder brota de sus  manos

dominando el agua que corre en la oscura morada,

donde reside la fuerza de su poder.

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La cathedral

febrero 2, 2011 Relato Comments (0) 434

La lluvia caía bajo el campanario roto y desvalido por los siglos transcurridos.Muertos están sus bancos, corroídas están sus piedras que con el tiempo se han quebrado.

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El libro y el títere

agosto 6, 2010 Relato Comments (0) 506

Un día apareció un hombre viejo que me resulto familiar, con pelos despeinados y su ropa  rota y llena de polvo, parecía un sin techo. En su mano derecha observé que llevaba un títere de forma humana, que no tenía ni ojos ni cara. Se dirigió hacia  unas estanterías, no muy lejos de la mía. Entonces se paró y lo dejó en una de ellas. Yo lo miré con cierto curioseo y me fijé que estaba sentado como si espera a alguien en su base de madera.

Una tarde mientras estaba quitando el polvo a mis páginas. Escuché un crujido como si se hubiese roto una tabla de madera y con pasos sigilosos  fui a ver qué había ocurrido, pero no encontré nada más que una gran nube de polvo que ensució mis frágiles páginas amarillentas. Cuando por fin se fue la polvareda, observé que había desaparecido mi nuevo vecino de estantería sólo quedaban de él unas pequeñas pisadas en el suelo. La  curiosidad me hizo seguirla hasta que encontré unas rozaduras en el suelo de laminas de madera envejecida.

Mis hojas que formaban parte de mi cuerpo, se movían rápidas como el viento en un solitario banco donde solo estaba yo. Por ello, empecé a temblar y a preocuparme  por aquel títere.

¿Qué debía hacer? – me dije.

Mis pensamientos fluían enredados y confusos. Las teorías, de mis más de ochocientas páginas, disminuían mi agilidad.

Pensé en lo peor, y esto me hizo preguntarme lo siguiente:

– ¿qué podía hacer un viejo libro como yo? -pensé.

Me llené de valor y dí un impulso hacia delante que me  sacudió las hojas. Mis quebradizas tapas que con el tiempo se habían envejecido, no fueron de mucha ayuda para seguir avanzando, pero no había nada en el camino que me dijera que le había ocurrido al títere.

-¿Por qué me preocupaba tanto por él? ¿Y de si había merecido la pena bajar de mi cómodo sitio en la estantería?- le pregunté a mí mismo.

Intentando encontrar el sentido a la desaparición del títere, que había hecho mi vida más amena , y ello me hizo sentir cierto terror al comprender que ya no volvería a ser lo mismo, ni para mí ni para él, porque era posible que jamas lo encontrara, pero todavía no he perdido la esperanza.

-¿ Qué haría si no pudiera encontrar mi hogar donde había estado 100 años? o ¿mi pesado cuerpo se rompiera, y mis hojas se separan y se perdieran?- me dije a mí mismo sin recibir respuesta.

Me estaba compadeciendo de mi existencia cuando, de repente, una sombra paso por detrás de mí. Haciéndome temblar con un aíre gélido. Empecé a buscar al trozo de madera, pero sin más remedio me rendí porque mi envoltura; vieja, rota y cansada, espiró su último aliento.

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