Caminando entre historias
28 de Junio de 2017
Colgaré está semana un relato nuevo.
El título será el siguiente, El agua detrás de una sonrisa. Es una historia casual que sucede en el día de Sant Jordi patrón de Cataluña.
Nuevas fotos en galería de instantes
Espero que os gusten, son de varios viajes que hice.

El amor de los cuerpos

2

21 de abril de 2011

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El amor es como dos cuerpos

enlazados  en un mismo cuerpo.

Uno es amado por el otro.

No temes a nada solo sigues el latido

de su corazón.

Piensan en cada suspiro como el último,

te derrotas ante esa sensación de placidez

y a la vez envuelta en calidez.

No piensas, solo actúas.

Sientes y […]

Los encantadores brujos

4 de febrero de 2011

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El agua cristalina

 brotaba del corazón de una montaña que rugía.

Sus pulmones deslizaban el agua

a las galerías

que  formaban pequeñas grietas.

Donde transportaban  las  pequeñas sales

durante años,

hasta transformar sus pequeños hijos

en estalagmitas.

Ahí es donde residen, los cazadores de almas.

 Su poder brota de sus  manos

dominando el agua que corre […]

La cathedral

2 de febrero de 2011

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La lluvia caía bajo el campanario roto y desvalido por los siglos transcurridos.Muertos están sus bancos, corroídas están sus piedras que con el tiempo se han quebrado.

El libro y el títere

6 de agosto de 2010

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http://mrscrowley90.deviantart.com/gallery/#/d2ekm2b

Un día apareció un hombre viejo que me resulto familiar, con pelos despeinados y su ropa rota y llena de polvo, parecía un sin techo. En su mano derecha observé que llevaba un títere de forma humana, que no tenía ni ojos ni cara. Se dirigió hacia unas estanterías, no muy lejos de la mía. Entonces se paró y lo dejó en una de ellas. Yo lo miré con cierto curioseo y me fijé que estaba sentado como si espera a alguien en su base de madera.

Una tarde mientras estaba quitando el polvo a mis páginas. Escuché un crujido como si se hubiese roto una tabla de madera y con pasos sigilosos fui a ver qué había ocurrido, pero no encontré nada más que una gran nube de polvo que ensució mis frágiles páginas amarillentas. Cuando por fin se fue la polvareda, observé que había desaparecido mi nuevo vecino de estantería sólo quedaban de él unas pequeñas pisadas en el suelo. La curiosidad me hizo seguirla hasta que encontré unas rozaduras en el suelo de laminas de madera envejecida.