Caja de rosas rojas

El aire pasa por mis dedos descalzos y mi cuerpo frágil parece resistir mis últimos suspiros. Los años han pasado, pero parece que los recuerdos siempre vuelven a ti como una brisa suave.

Mi vida en el campo, cuando tan sólo era una niña, era dura. Al sentir, caer sobre mi suave piel los rayos del sol abrasando, los días de mi niñez. Recuerdo a mi madre en aquellos años con tal intensidad que podría describirte hasta el último detalle de ella. Pero el que más me impactaba era su forma de arar con tal fuerza y voluntad, que la tierra rendida a sus pies caía junto al buey que la dominaba.

Mi madre era fuerte como la corteza de un árbol, la cual le sirvió para llevar una familia hacia delante.
Mi padre murió cuando mis hermanos y yo eramos pequeños. Lo poco que nos contaba mi madre de su forma de afrontarlo por aquella época era lo siguiente – “Lloró durante ese día pero, el día siguiente, cogió su hoz. Empezó a segar el campo, olvidando las lágrimas en el fondo de su corazón, para seguir el camino que le había tocado vivir.”

Un día en el campo, con mis hermanos mayores, escavamos en la tierra y encontramos una caja pequeña de madera decorada con dos rosas rojas dibujadas. Corrimos hacia mi madre para enseñarle nuestro descubrimiento. Al enseñársela, su cara se sonrojó y soltó una lágrima. Se la secó y empezó hablar:

Esa caja…** ─** contuvo el aliento durante tres segundos y siguió**.**

****La cogió entre sus manos delicadamente y la abrió.

Es nuestro vínculo con la tierra y nuestros dos corazones y sacó de la caja un corazón hecho de alambre dijo sonriendo prosiguió su historia con emoción y nostalgia.

Tu padre y yo lo escondimos cuando éramos unos críos. Nos prometimos que ésta sería nuestra tierra y nuestro hogar. Así fue como nuestra promesa se hizo realidad.

Mis hermanos y yo sonreímos al conocer una parte de mi madre que no sabíamos. Ella dejó la caja  junto a la ventana. La miró y Siguió con sus tareas de la casa. Nosotros seguimos con nuestras pesadas y costosas tareas del campo.

Recuerdo la historia con emoción y con añoranza de aquellos años. Esa caja de rosas no será olvidada porque su espíritu vivirá para siempre en mí y posteriormente en mis generaciones, al igual que mi madre me la pasó a mí.

La caja es el vínculo de lo antiguo y lo nuevo, por ello yo deposité mis recuerdos y mis historias en ella.
Mi legado se lo pasó a mi hija. Por eso te escribo está carta. Con mi único deseo que sigas mis pasos y uses la caja.
Yo la uso para olvidar el dolor. Tu abuela la uso para tener un vínculo con lo que amaba.
Tú úsala como quieras.