Pequeña Dama I-El descubrimiento
La dulce pequeña dama de ojos cálidos y sonrisa triste esperaba en una ventana a que una brisa fresca invadiera su cuerpo, la llevara lejos de allí y despertara en un mundo lleno de soles y grandes prados donde correr. Pero ese día nunca llegó porque sus palabras emitidas por el viento se olvidaron.
Un día paseaba por mi habitación y un ave se posó en mi hombro. Me quedé observando su belleza. Las plumas de sus alas eran de colores vivos: rojos, azules y amarillos que brillaban con la luz del sol, y en su pequeña cabeza tenía una cresta con dos plumas; una roja y una negra, que sobresalían en el centro como si de una flecha de indio guerrero se tratara.
Acerqué la mano para tocarla y, cuando iba a rozar sus plumas, una voz estridente me asustó diciendo:
"¡Oh dulce Esmeralda!"
Miré hacia atrás y hacia delante, pero no vi nada.
—¿Dónde estás? —dije confundida. Y mi voz sonó como un eco en la habitación.
—Aquí, mi dulce princesita olvidada, en tu hombro.
Acercó su cabeza para observar mejor mi rostro, y luego me miró como si me comiera con la mirada con sus grandes ojos cristalinos, donde vi reflejada mi cara pálida y mi sonrisa forzada. Mis ojos marrones perplejos se difuminaban con los ojos azules del pájaro.
Por último, el ave, como si fuera su último discurso, dijo:
—Soy un ave mensajera que vengo desde muy lejos buscando el rastro de una niña llamada Esmeralda en cuyo brazo derecho tiene el sello real del reino Nuevo Halcón de donde fue raptada hace 13 años después de ser derrotado su rey.
—Se equivoca, yo soy Celina —dije aturdida mirándome el brazo, donde no había nada.
El ave, sin mediar palabra, depositó en mi mano una lágrima que cayó de su ojo derecho, convirtiéndose en cristal al tocar mi piel. Se fue volando por la ventana y desapareció sin yo poder preguntarle nada más.
Miré la lágrima. Era dura como el acero y trasparente como el cristal. Tenía escritas unas palabras en otro idioma "chaler irun", las cuales se veían con claridad cuando el sol se reflejaba en ella.
—¿Qué podría significar? —me dije a mí misma.
Me quedé pensativa durante días. No sabía qué hacer. Era como si estuviera viviendo una mentira. ¿Quién era en realidad? y ¿por qué estaba encerrada? Ya no sabía qué pensar.
¿Quién era Esmeralda? Estaba confundida.



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